24 de octubre de 2014

9 cosas que no sé hacer cuando viajo

Llevo unos días riéndome con las confesiones de los bloggers de viaje, que se han estado sincerando sobre sus carencias cuando salen de viaje. En esas estaba tan entretenida cuando me he encontrado con que David, autor de Mi mundo en una maleta, ha querido saber cuáles son las mías. Qué cosas se me atragantan cuando salgo de viaje. ¿Cómo? ¿Aún no las sabes?

Tengo poco sentido del ridículo y suelo contar todo en mis diarios, lo bueno y lo malo y como esto último es más divertido y acerca un poco al autor de un blog a los lectores, pues es algo que incluyo la mayoría de las veces en los relatos de nuestros viajes.
Así que repasemos algunos de ellos:
1. Mi mayor carencia es la psicomotricidad. No es que sea nula es que es negativa. Todas las actividades físicas las hago mal, a veces del revés, y muchas veces pongo en peligro mi vida, la del instructor de turno o la de mis compañeros. ¿Lo malo? que siempre quiero hacer todo y me apunto a todas las actividades posibles, ¿lo bueno? que no me doy por vencida y disfruto de las experiencias, mejor dicho, las disfruto después, cuando estoy sana y salva recordando lo mal que lo he pasado y lo orgullosa que estoy de haber sobrevivido.
Si a una actividad le pones música, entonces la cosa cambia, se me da rematadamente bien, lo convierto en un baile y el ritmo lo hace todo.
Recordad mi vuelo del revés en Costa Brava o cuando casi me dejo los dientes cruzando una calle en Berlín.

Nuevo estilo de vuelo: panza arriba

2. Pero como viajera otra insuficiencia grave de la que sufro es de la absoluta falta de orientación, que también llega a cotas negativas en muchos casos. Siempre voy al revés y mi sexto sentido siempre me dice que tome el camino equivocado. Hasta en mi ciudad tomo siempre mal las salidas y he tenido que pagar peajes de autopista por mi inutilidad.
Aún me acuerdo cuando mi amiga y yo nos perdimos en Hanoi y no había manera de encontrar la catedral que estaba en la calle de al lado.
Relacionado con mi sentido de la orientación me acompaña el hecho de que no entiendo un mapa. Exaspero a Bone cuando cojo un mapa y me pongo a mirarlo al revés o comienzo a girarlo para ver por dónde tenemos que ir.

¿Por dónde vamos? dímelo tú

Menos mal que queda compensado con su extraordinaria orientación y capacidad de encontrarse hasta en el caos. Como cuando salió a correr por Hanoi y le cambiaron las calles y aun así pudo volver al hotel.
3. Si no es en una cama, no puedo dormir y por eso el jetlag me ataca con virulencia. En todos los viajes estoy el primer día fuera de combate, me duele la cabeza y pierdo el primer día como si no estuviera. Ya no te digo a la vuelta a casa que me paso noches en vela. Por lo menos a la ida, tal vez por la emoción, apenas son unas horas de malestar que se pasan con una siesta reponedora. En India, en Vietnam o en Perú tuve unos comienzos apoteósicos.

¡Quiero dormiiiiir!

4. No se disimular mis sentimientos y contar hasta diez. Cuando algo me toca la moral se me nota y a veces llego a rozar la mala educación. Por ejemplo cuando en Colca o en el lago Titicaca los guías nos impusieron dónde comer con mentiras y cuentos. La diplomacia no la conozco y no puedo esconder la verdad ni en mi cara ni con mis actos.


5. El relax y descanso en un viaje no va conmigo, por suerte tampoco con mi pareja. ¿Estar en una playa tomando el sol? No sabemos hacerlo. En Riviera Maya nos buscamos las mil y una tretas para no extender las toallas en la arena.

Ni Monikine descansa
6. No me gusta el agua. Mejor dicho, no me gusta el agua fría y mientras todos disfrutan de baños refrescantes en piscinas y playas yo los miro desde la orilla con mi cara de disimulo que ya os he contado más arriba, esa que se me da tan bien poner.
Pero lo peor no es esto. Algunas veces, las condiciones en las que viajamos no son idílicas y en Tanzania estuve varios días sin ducharme por no poder disponer de agua caliente. A mí no me importa no se mis compañeros de viaje que opinarán. En esta ocasión lo solventé con unos cubos de agua caliente y un baño a lo Memorias de África propiamente dicho.
7. No sé ir en bici. Vamos a matizar, sé ir en línea recta, pero no puedo girar o frenar sin poner los pies en el suelo. Entonces, ¿por qué me empeño en hacer excursiones en bicicleta siempre que puedo? Como cuando en Vietnam quisimos ir de Tan Coc a Hoa Lu y el guía harto de mi ineptitud paró a un motorista que pasaba por allí y que por lo visto no tenía nada mejor que hacer y le dijo que me llevara al pueblo rápidamente para perderme de vista.

Secuencia temporal: "me duele el culooooo..." "llévate a esta que no la soporto" "a ver donde meto yo la bici de la ñoña"

8. Me mareo hasta en los columpios y me enfado un montón porque es un problema muy grande para un viajero ya que los caminos no siempre son los mejores y los medios en los que hay que moverse, barcos o avionetas, propician que salga lo peor de mí. Debe de ser genético porque mi hermana tiene este problema y sobrevolar las líneas de Nazca se convirtió para ella en el vuelo del terror o la navegación interminable en Lima cuando regresábamos de nadar con los leones marinos en Isla Palomino y a mí me parecía que el puerto se alejaba cada vez más.
O aterrizas o me tiro en vuelo
9. Pero mi mayor secreto, inconfesable, que nadie se cree cuando lo desvelo es que me da miedo volar. No me da respeto, tengo fobia: manos sudorosas, visitas incontables a los servicios y los que viajan conmigo afirman que entro en un estado semi catatónico, en el que ni escucho ni atiendo a razones. He vivido situaciones de pánico absoluto cuando nos han abortado despegues o aterrizajes en el último minuto, intento racionalizar y repetir todas las consignas que se dicen y que me repiten hasta la saciedad como que el avión es el medio más seguro, pero cuando uno entra en estado de terror irracional no hay más historias. Y despegue tras despegue, aterrizaje tras aterrizaje siempre me hago la misma pregunta ¿pasar por esto merece la pena? Y siempre tengo la misma respuesta: SÍ, el viaje es lo que me ayuda a superar esta fobia tan paradójica para una viajera de casta como yo.

 

Dedicado a Berna que me aguanta y se ríe conmigo y a todos los amigos que soportáis mis locuras cuando viajo: Yoli, Rubén, Esleker y mi hermanica Sus

10 comentarios:

  1. Lo que me he reído con tus 9 cosas nadie lo sabe! Conocía muchas como tu gran psicomotricidad :P tus caretos que infingibles y tal...pero desconocía el miedo a volar O.O quien lo diría! Saludines a Bone que te aguanta estoicamente :P

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    1. Sí, Vero... ese era mi gran secreto que además de mi cara que por fin ha salido en una entrada ha quedado al descubierto.
      Besos

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  2. Comparto algunas de tus cosas que no sabes hacer, jeje, afortunadamente el miedo a volar no aunque cuando se mueve el avión no me mola nada. También me mareo con todo y odio el agua fría, ayssss. Muy duvertida tu entrada :)

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    1. Me he reído mucho escribiéndolo y los que me conocen y viajan conmigo saben que todo es real y no he exagerado nada.
      Lo del miedo a volar es mi mayor problema y como de vez en cuando a los pilotos les da por abortar las maniobras en el último segundo... pues no me ayudan nada. Cuando creo que he superado la fobia y ya solo es miedo, zas! abortan un aterrizaje cuando casi estamos tocando suelo... hombre... un poco de respeto ;-)

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  3. Increíbles fotografías y muy divertidas anécdotas también :) La verdad que la orientación tampoco es mi fuerte, ni las actividades físicas jaja así que compartimos varias cosas que no sabemos hacer. Lo del miedo a volar siendo viajera como eres tendrás que aguantarlo, mientras te atrevas hacerlo no habrá problema! aun así la recompensa es mucho mayor luego.
    Saludos!!

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    1. Gracias chicos, me divertí mucho escribiendo este post y me he reído mucho leyendo los problemas que otros bloggers tienen viajando.
      Habrá que ir superando barreras.
      Un abrazo,

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  4. Es buenísimo. Y es que cada uno tenemos cosas completamente irracionales que no hay quien nos las quite. Que sí, que ya sé que es absurdo... pero no puedo con ello!!!! jajajaja
    Te confieso que yo sufro lo indecible con el jet lag.
    Me ha encantado tu entrada.

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    1. Gracias Miriam, me alegra haberte hecho sonreir un poco.
      Besos,

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  5. Qué bueno, Mónica! Me ha encantado y sorprendido tu post, no me hubiera imaginado muchas de tus confesiones, gracias por compartirlo, ha sido divertido ;-) Yo también te confieso que comparto algunas, sobre todo la del sentido nulo de la orientación y la de que mareo, sobre todo en el agua... Lo del mareo digo ignorándolo, por supuesto, y sigo montándome en barcos, barquichuelas y canoas, con tal de no "perderme ninguna experiencia", (creo que nos parecemos..). Lo de la orientación, en cambio. Ya lo tengo asumido, y, directamente, ya no pretendo hacer como que entiendo los mapas, y directamente prescindo de ellos y pasó al plan B, (preguntar a los lugareños, ja ja..) ;-)

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    1. Gracias Noelia, a veces cuando contamos los viajes parecemos superheroinas y nada más lejos de la realidad. Yo soy torpe, torpe jajajaja
      Un abrazo

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