Diario de viaje: Berlín - parte 2

Continuamos nuestro viaje visitando los iconos de Berlín, conocimos sus puntos calientes, fuimos testigos de sus cicatrices y pasemaos entre obras de arte y otras maravillas en la isla de los museos. 

Día 3:  visitando los puntos más emblemáticos

El plan para hoy era hacer el tour gratuito que organiza www.neweuropetours.eu todos los días. Teníamos que acudir a las 11 a la Puerta de Brandeburgo, así que teníamos tiempo para ver por nuestra cuenta alguno de los puntos interesantes que quedaban en nuestro camino hacia allí. Activamos nuestras Welcomecard y pusimos rumbo a nuestra primera parada: el checkpoint Charlie.

Así se conoce al paso fronterizo entre la zona americana y la soviética. Actualmente, convertido en una atracción turística, no debemos olvidar que fue lugar donde se vivieron momentos muy tensos en la historia del país y de Europa, un emplazamiento donde los enemigos estaban cara a cara. 
Pasamos de largo por la Topografía del Terror, donde nos acercaríamos en otro momento y por la Postdamer Platz para llegar hasta el monumento que recuerda a las víctimas judías del holocausto. 
2.700 bloques de hormigón, de diferentes tamaños y alturas, te introducen en un mundo claustrofóbico, donde de repente te encuentras solo, has perdido de vista a aquellos que te acompañaban, oyes voces, te cruzas con desconocidos... la propia estructura del monumento te obliga a subir y bajar sin saber hacia dónde te diriges.
Es un lugar con una gran fuerza expresiva que ha generado fuertes polémicas, pero que para mí, ha expresado a la perfección aquello que quería transmitir y además de un modo magistral. 
No lejos de allí otro monumento recuerda la matanza de homosexuales duramente reprimidos durante la hegemonía nazi.
Se nos había hecho la hora y nos dirigimos al punto de encuentro para el tour que comienza a las 11:30. Cogimos nuestro ticket y aun nos dio tiempo para tomar unas cuantas fotos y pasear por la elegante Pariser Platz. Los bombardeos durante la guerra y posteriormente el muro, convirtieron esta plaza en un lugar desolado, actualmente alberga la embajada de Estados Unidos y la francesa, el lujoso y legendario Hotel Aldon y otros opulentos edificios como el DZ Bank Haus, a través de cuya fachada de cristal intentamos atisbar lo que acoge. 
Comenzaríamos nuestro tour guiados por Jorge, un chico muy ameno, didáctico y entretenido. Nos enseñó en 90 minutos un montón de cosas interesantes. 
Esta visita incluye los siguientes puntos de interés: 
  • Monumento a las víctimas judías del que ya hemos hablado. 
  • Edificio de la Luftwaffe 
  • Check Point Charlie, que también os he mencionado más arriba 
  • Lugar donde estaba el búnker donde Hitler se suicidó. 
  • La Gendarmenmark: una preciosa plaza donde se alzan el Frazösischer Dom y el Deutscher Dom que son dos edificios gemelos. También se ubica allí el Konzerthaus.
  • Humboldt-Universität 
  • Bebeltplatz: punto donde se levantó la biblioteca y donde en mayo de 1933 los nazis quemaron libros opositores al régimen o simplemente por considerarse “no alemanes”. Actualmente, hay un impresionante monumento, que sólo con contemplarlo ya lo dice todo: se trata de un agujero en el suelo desde donde el espectador ve una biblioteca vacía. En recuerdo de este terrible suceso, es una imagen que te remueve algo por dentro, sobre todo si como yo, amas los libros. 
  • Neue Wache: una conmovedora manifestación contra la guerra que representa una piedad: una madre sosteniendo en un abrazo congelado el cuerpo de su hijo muerto 

  • Isla de los museos: lugar donde terminamos el tour y nos despedimos de Jorge gratificándole según se  considere oportuno. 
Decidimos dirigirnos a la catedral, donde entraremos por 4€ ya que con la Berlin WelcomeCard tenemos un 40% de descuento sobre el precio oficial.
La Berliner Dom, como casi todos los edificios históricos de Berlín y Alemania en general, está reconstruida parcialmente para paliar la destrucción y devastación de la guerra. Es un edificio barroco, excesivo, que alberga las tumbas de Federico I y su esposa, entre otras muchas personalidades de la corte, tanto en la planta del templo como en su cripta. 
Merece la pena subir a la cúpula y contemplar Berlín desde las alturas. Una subida bastante asequible, donde además se va mostrando el proceso de reconstrucción. 
Una vez arriba, uno es consciente del proceso de rehabilitación que la ciudad ha sufrido y sigue sufriendo, pues las grúas son tan numerosas como edificios históricos alberga la urbe. 
Tomamos el bus 100 que nos llevaría hasta otro punto importante para el viajero: la Columna de la Victoria o Siegessäule.
Originalmente se encontraba frente al Reichstag pero en 1939 fue trasladada a este lugar, hecho que la salvó de la destrucción. Cruzaríamos la rotonda por un paso subterráneo para llegar hasta sus pies pero no subimos a lo alto.
Retomamos una vez más el bus 100, que como ya comentábamos en nuestra anterior etapa del diario de Berlín, recorre los lugares más emblemáticos de Berlín, y nos acercamos de nuevo al centro. 
Un agradable paseo a orillas del río nos llevó por detrás de la isla de los museos, dejando a la vista la silueta y cúpula del Bode Museum como telón de fondo. 
Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos hasta el Berlinek Republik, un lugar famoso porque sus cervezas cotizan como en la bolsa según su consumo y puesto que con la Wellcome Card nos hacían un 25% de descuento decidimos cenar allí mismo, a la orilla del río. 
Probamos un montón de cervezas, codillo y arenques, todo muy rico, platos consistentes y por 71€ los cuatro.
Para nuestra visita nocturna, tomando el autobús 200 nos dirigimos a Postdamer Platz y ver su iluminación futurista. En ese momento, terminaba una fiesta turca que ocupaba toda la plaza, por lo que cruzamos al SonyCenter con su cúpula iluminada de colores y donde se puede ver lo que sobrevivió del lujoso hotel Explanade. 
En este lugar hay otro elemento muy interesante: el primer semáforo de Europa que fue lo último que vi y pude señalar a mis compañeros antes de caerme al suelo en medio de un paso de peatones.

 
Y es que, la vida del turista es muy accidentada: fotografiar, consultar guías y planos, buscar y cruzar, todo a la vez es deporte de aventura y tienes sus riesgos. 
Este incidente no trajo más que risas y cachondeo por parte de mis compañeros de viaje que se fueron a la cama con una carcajada de más.

Por si tenéis tiempo adicional y coincide que estáis en martes por Berlín, os damos una idea que nos envía una amiga del blog: todos los martes a las 13 horas hay concierto gratuito en la Filarmónica que está detrás del edificio Sony en Postdamer Platz. Para poder coger un sitio hay que estar una media hora antes como mínimo, si llegas más tarde dejan sentarse en el suelo.

Día 4: Museos y vista panorámica


Como cada mañana durante nuestra estancia en Berlín desayunamos copioso en la cafetería debajo del hotel y tomamos el metro hacia el centro. 
Ese día nuestros pasos nos llevarían hasta la isla de los museos para visitar dos de ellos: El Neues Museum y el Museo de Pérgamo. 
Para el primero de ellos, el que aloja el célebre busto de Nefertiti, hay que reservar. Esta reserva la hicimos el mismo día que compramos la Berlin Wellcome Card en la Oficina de Turismo.
Puntualmente las puertas del museo se abrieron y nos adentramos en el museo, después de recoger la audioguía gratuita. 
Como es bien sabido, la joya de la corona de la colección, es el busto de la reina Nefertiti, fuertemente custodiado por vigilantes y ocupando una sala en una esquina del edificio. Cuando sales, el sereno rostro de la reina sigue siendo visible a lo largo de un corredor desde el otro extremo del museo. Un resultado dramático y muy efectista. Volved por un momento vuestra vista atrás y lo comprobaréis.
Terminada esta visita pasamos al Pergamonmuseum. Un lugar impresionante, fascinante, que a los amantes de la arqueología apasionará. Piezas tan espectaculares como el Altar de Pérgamo, la magnífica y bien conservada Puerta del Mercado de Mileto o la prodigiosa Puerta de Ishtar con su muro de procesiones y leones no harán sino evocar lugares maravillosos de tiempos pasados.


Sin lugar a dudas, este museo es un museo especial.
Se nos había echado encima la hora de comer así que aprovechamos para ir hasta el barrio de Kreuzberg y probar el famoso CURRY 36 en Mehringdam 36.
El Currywurst es la especialidad de la casa. Salchichas de dos tipos, con curry, kétchup, patatas y mayonesa. Las hacen realmente bien y no es caro, aunque es un local de comida rápida por lo que las tienes que comer de pie. Este currywurst es un imprescindible en casi todas las guías y top ten de cosas que hacer en Berlín por lo que a veces se forman largas colas.
El origen de esta receta está envuelto en polémica pues se atribuye a dos mujeres, incluso hay quien afirma que fueron los soldados americanos los primeros en condimentar con curry las salchichas. A pesar de todo, la popularidad del currywurst es tal que hay un museo dedicado a ello.

 
Dedicamos la tarde a pasear por el barrio. Cafés y bistrós coquetos, originales tiendas y anticuarios… un buen café nos puso las pilas para continuar y seguimos por Bergmansty pasando por Chamissoplatz.
Aquí todavía se llega a atisbar la belleza de Berlín antes de que la guerra la dejara llena de cicatrices.

 
Como curiosidad, todavía perdura un antiguo urinario milagrosamente salvado de la destrucción.
Cruzamos Mehringdamm para subir a Viktoriapark. En la cima de la colina se alza una columna que conmemora las victorias contra Napoleón.
De nuevo en el metro (estábamos amortizando el abono) nos fuimos a Breitscheidplatz donde hay un símbolo de la ciudad, una de las cosas que más quedaron grabadas en mi memoria cuando visité el país con 16 años en un viaje con mis padres, y por ello una de las visitas que más ansiaba revivir, ya que me estaba encontrando una ciudad totalmente cambiada. No es el mismo Berlín que visité al poco de caer el muro.
La Kaiser-Wilhem-Gedächtniskirche. O más bien, los restos de una iglesia que se dejaron como símbolo, como recuerdo de los horrores de la guerra. Cuando llegamos a los pies de donde debía de estar y vi que, lo que yo buscaba con ansia estaba totalmente cubierto por andamios temí echarme a llorar.
Es necesario recordar que cuando yo viajé a Berlín por primera vez, apenas quedaba nada en pie, solo recuerdo explanadas, desolación y fue tanto lo que me marcó este lugar, su visión desgarradora aun me estremece, que quedé derrotada por la decepción. No obstante, de visita obligada es su interior con fotografías históricas y unos magníficos mosaicos.
Volvimos a Alexander Platz (podéis hacerlo con los autobuses 100 ó 200) para subir al icono de la ciudad, a la torre de la Televisión, que con la Wellcome Card nos hicieron el 25% de descuento y pagamos 9,30€. Al sacar el ticket te dan hora, a nosotros unos 40 minutos más tarde así que nos fuimos a tomar unas cervezas al sol.

 
Cinco minutos antes de la hora hay que dirigirse al primer piso, tras pasar un control de seguridad y aguardar otro rato más de cola nos adentramos en el ascensor que tan sólo tarda unos segundos en subir los 200 metros a los que se alza el mirador de 360º. Desde luego las vistas son únicas. 
Un buen montón de fotos después y tras localizar todos los puntos que ya nos eran familiares de Berlín descendimos y cogimos la ya conocida U5 que nos llevó directos al hotel.
Hoy compraríamos la cena en el súper y cenaríamos en la habitación, ya no teníamos fuerzas para más.
Al día siguiente viajaremos hasta Potsdam.

Diseño web por Hazhistoria