La cena de los sentidos...


O casi todos los sentidos, porque hay uno  de ellos que dejamos atrás al principio de la cena, o mejor dicho, del evento, y no lo recuperamos hasta dos horas después, todavía con el resto de sentidos a flor de piel y las emociones revolucionadas en nuestro interior por todo lo que hemos vivido.

El silencio....

Con esta palabra, repetida varias veces, nos da la bienvenida Javier, el director de orquesta de todo lo que nos va a acontecer en los próximos minutos, nos lleva hasta su mundo de sensaciones con sus palabras, nos hace emocionarnos antes de saber lo que nos espera y, tan solo unos minutos después, perdemos nuestro sentido de la vista, nos olvidamos de él y un tsunami de experiencias, emociones y sentimientos comienza a arremolinarse dentro y fuera de nosotros.

La oscuridad....

Dejarse llevar por un desconocido, totalmente a oscuras, es complicado. Los primeros minutos son difíciles, ya nos lo había dicho Javier. Oscuridad, soledad, desconcierto, desorientación… sensaciones que no son agradables, a las que no estamos acostumbrados. Te encuentras solo, en un lugar desconocido y a oscuras. Pero alguien te susurra: “Tus ojos son tus manos”… y comienzas a salir del caparazón en el que te has escondido.
Vamos buscando nuestro lugar, vamos escuchando sonidos que nos ayudan a medir las distancias, vamos haciéndonos a nuestra nueva situación y poco a poco te relajas, te dejas llevar y te abres a un nuevo mundo, oscuro, sí, pero mágico.
Es imposible describir lo que vivimos en la CENA DE LOS SENTIDOS, es difícil que los que allí estuvimos sintiéramos lo mismo, yo no lo creo. Cada persona vivió su experiencia personal. La mía fue mágica y maravillosa y me entristece pensar que nunca se volverá a repetir de ese modo.

Los sentidos....

Palabras que huelen cítricas, sonidos que te rozan con dulzura, voces que se sienten como caricias, olores que saben tiernos, sabores que se acarician… los sentidos se desarrollan y se mezclan entre sí. Hueles lo que oyes, tocas lo que comes… pero no ves nada.
Esta montaña rusa de emociones y sensaciones no te deja un respiro, ríes y te sobresaltas, bailas, comes, vuelas, escuchas y hueles, tu cuerpo se ve envuelto en una experiencia sensorial tan brutal, tan colosal, que se transforma, se estimula, se activa, se despierta y de repente, te das cuenta de todo lo que te pierdes cada día, de las pequeñas sensaciones y estímulos que pasan a nuestro lado desapercibidos y que son maravillosos.
Cuando todo termina, no vuelves a ser el mismo que entró, cohibido, sino una persona liberada, abierta y feliz.
Si eres capaz de dejarte llevar, de confiar en que lo que allí te va a ocurrir es bueno, si no tienes miedo, si abres tu mente y tu cuerpo, si dejas atrás tus escrúpulos, tus prejuicios, tus temores, tus aversiones… entonces, tú también estás preparado para sentir.



NOTAS ACLARATORIAS:
La cena de los sentidos, se organiza a lo largo de toda la geografía española.
En la página web http://casitodoslosentidos.com/la-cena-de-los-sentidos/ tienen publicado el calendario sensorial de eventos y los restaurantes donde se celebran.
Nosotros tuvimos la enorme suerte de asistir a uno de nuestros restaurantes favoritos, El Montal, un entorno perfecto para esta actividad que desde el principio, sólo con cruzar el umbral, hace que te adentres en un mundo sensorial muy especial.
No es solo una cena, es una experiencia global donde hay que abrir la mente y el cuerpo y dejarse llevar a un mundo nuevo.


Diseño web por Hazhistoria