Diario de Viaje: Berlín

 

Berlín, una ciudad de contrastes, con cicatrices que son el recuerdo de una historia reciente dramática. Una metrópoli que nos conquista por su carácter especial, por sus museos y sus barrios. 

 

DÍA 1: LLEGAMOS A BERLÍN

 Llegábamos a las 16 horas al aeropuerto de Tegel y nada más poner un pie en estas tierras los alemanes comenzaron a dar muestras de su eficiencia pues nuestras maletas llegaron antes que nosotros a la cinta transportadora.

TRANSPORTE AEROPUERTO - CENTRO
Desde el aeropueto de Tegel cogimos el bus 109 y después la S41 que hace la ruta circular.
En las máquinas expendedoras adquirimos un abono para grupos pequeños (hasta 5 personas) denominado Kleingruppen-tageskarte que por 15,50€ permite viajar todo el día.

 HOTEL
Para esta ocasión el hotel que habíamos elegido es el Best Western City Ost que ha resultado una gran elección.
Ya estuvo alojado mi padre en 2009 y, a pesar de que el precio ha subido ligeramente, la decisión ha sido acertada.
Con una parada de metro en la puerta (justo en la puerta) y una pastelería en el local de abajo donde poder tomar un café y bollos por un precio realmente económico, el alojamiento es perfecto para un presupuesto medio.
Las habitaciones son de calidad, limpias y acogedoras. Si volvieramos a Berlín elegiríamos de nuevo el Best Western.

Pero no podíamos parar a descansar pues teníamos que ir hasta la Puerta de Brandemburgo para comprar la Berlin Wellcome Card.
Así que cogimos de nuevo el metro hasta Alexander Platz y desde aquí el bus 100, del que se dice que recorre los lugares más emblemáticos, entre ellos la preciosa avenida Unter der Linden, que nos dejaría en nuestro destino.
Justo en los bajos de la Puerta de Brandemburgo está la oficina de turismo donde venden los abonos.
Fue la entrada a Berlín en los s. XVIII y XIX
Ya habíamos estudiado las opciones al preparar el viaje y elegimos la de 72 horas con zonas de transporte ABC, porque un día queríamos ir a Postdam, ubicado en la zona C de transporte.
Aprovechamos también para reservar el día y hora de acceso al Neus Museum de forma gratuita, para unos días después.
Mucha información nos la había facilitado la oficina de Turismo de Alemania con la que habíamos contactado vía mail durante la preparción del viaje.

Ya teníamos los deberes hechos, y caímos entonces en la cuenta de que no habíamos comido nada desde que salimos de España, así que volvimos a coger el bus 100 y pusimos rumbo a Hackesche Höfe, un conjunto monumental con patios interiores, denominados Jungendstil, que alberga tiendas y locales encantadores. Un laberinto urbano  de patios y callejones, construido en 1906 en estilo modernista alemán, y que ahora, restaurados con esmero es un lugar concurrido.
Elegimos un restaurante del mismo nombre: Hackesche Höfe para iniciar nuestra incursión en la gastronomía alemana.
Schinitzel y roastbeef, acompañados de varias jarras de cerveza local fueron los primeros platos alemanes que probamos en este viaje. Los pures, kartofel y resto de acompañamientos estaban muy ricos. Pagamos 90€ por una cena para 4 personas.
Schinitzel gigante para cenar

Una vez saciadas las ganas de comer, salimos a pasear un rato por los jardines interiores y encontramos una tienda repleta de artículos con el AMPELMAN como protagonista.
Se trata del muñeco del semáforo de la RDA que ahora es el símbolo de la ciudad. Veríamos varias tiendas de esta cadena a lo largo de nuestra estancia en la ciudad.
El AMPELMAN es un icono de la ciudad
Caminando un poco más algo nos llamó la atención en un oscuro callejón, nos adentramos y salimos a un lugar fascinante, un lugar que algunos llaman el Dead Chicken Alle.
Callejuelas abarrotadas de grafittis, casas okupadas con bares, tabernas, talleres de extraños artesanos. Unos robots nos invitaban a entrar en una exposición, pero decidimos no entrar, a pesar de que parecía un lugar mágico, pues el cansancio comenzaba a recordarnos que llevábamos un día muy intenso recorrido.


Todavía alucinados por lo que habíamos visto, nos fuimos a descansar.
Berlín se nos anticipaba fascinante.

DÍA 2: HISTORIA DE UNA CIUDAD DIVIDIDA

 Como mencionaba más arriba, cada mañana la comenzábamos con un desayuno copioso y barato.
Por 9€ desayunamos los cuatro, a base de café y muchos bollos y dulces.
Necesitábamos la energía pues el programa de hoy lo requería.
Nuestro primer destino para ese día: el East Side Gallery.
Fuimos caminando por el barrio de Friedrichshein, donde conviven casas de okupas con casas corrientes, un barrio en el que no encontraremos homogeneidad.

Cuando divisamos el rojo y magnífico Oberbraunmbrüke sabíamos que ya no estábamos lejos de nuestro destino.  
El East Side Gallery es el tramo de muro más largo conservado en pie y transformado en una obra de arte. 1,3 km de muro donde 118 artistas de 21 paises han plasmado lo que la caida de éste supuso para cada uno de ellos.
Un museo a cielo abierto con imágenes tan famosas y chocantes como El Beso Mortal. 

Volvimos paseando  por la orilla del río Spree donde algunos aun seguían con la fiesta de la noche anterior y cruzamos el puente, esta vez sí, para dirigirnos a Kreuzberg: uno de los barrios históricos de Berlín.
Aquí reside la mayor población extranjera de la ciudad y es el lugar que vió nacer el movimiento OKUPA en los años 80.
Paseando por sus calles, llegamos a la arbolada Mariannenplatz con St. Thomas Kirche al fondo, una de las iglesias más bellas de Berlín.
Y en esta zona es donde tomamos conciencia de lo que nos acompañaba y acompañaría durante el resto del viaje: los adoquines que marcan el paso del muro. Y fuimos conscientes también de la cicatriz que supuso para la ciudad y para sus habitantes, que en absoluto dan la espalda a su historia, si no que son plenamente conocedores y conscientes de ella y de lo que supuso.

Nos pusimos de nuevo en marcha, teníamos que coger un metro que nos llevaría hasta Gesundbrunnen, pues a las 12:30 horas comenzaba un tour que se anticipaba emocionante.
La Sociedad para la Investigación y Documentación de Estructuras Subterraneas de Berlín organiza unos recorridos fascinantes.
Algunos de estos tours  son en castellano, por lo que merece la pena entrar en su página web e informarse sobre ellos y sus horarios. No es posible hacer reserva. Habíamos elegido el tour 3 que trata sobre los búnker que se construyeron durante la Guerra Fría. La guía que nos trasladó a este mundo oscuro resultó ser simpática y entretenida, a pesar de la estremecedora historia que nos contaba.
Nos trasladamos a una época paranóica en la que los gobiernos de ambos lados del telón de acero, construyeron refugios bajo la superficie de la ciudad para hacer frente a un posible ataque nuclear. Visitamos dos tipos de bunker uno para corta estancia y otro para alojar más ciudadanos durante mucho más tiempo, que afortunadamente no llegaron a utilizarse y que ahora podemos ver y estremecernos con su tremenda y aterradora historia.
Muy recomendable esta visita al Berlín desde abajo, el precio es de 10€ y reducida 8€. No se pueden reservar anticipadamente las entradas.
Una vez más, tomamos el metro pues era domingo y queríamos visitar el Mauer Market.
 


En él hay de todo, artesanía, cachivaches de segunda mano, ropa, comida... nos perdimos entre los numerosos puestos del lugar, en un bullicioso mar de actividad festiva.

Un lugar realmente alegre y colorido, con muchas curiosidades si te paras detenidamente a observar.
Salimos del animado mercadillo y caminamos por Kastanien Alle para comer en el Pratergarten.
Un biergarten muy animado que nos agasajó con espárragos de temporada, riquísimos y un sabroso cerdo asado. Por supuesto, acompañado con las consabidas Kartofel y cerveza a raudales. Esta comida nos costó 70€ para cuatro personas.



Temporada de espárragos en Berlín
Con las energías renovadas y con un helado en la mano paseamos por el barrio hasta Kollwitzplatz y el metro nos llevó directos a Alexanderplatz.
En todo nuestro viaje nos acompañaban unas audioguías Play and Tour, cortesía de Viajeropedia, que llevábamos descargadas en el móvil y que nos iban explicando detalladamente todos los puntos de interés de la ciudad.
La plaza conserva todavía y a pesar de los años, el caracter simbólico de la RDA, de hecho fue el escaparate estético de la república y en ella podemos pararnos a contemplar dos prodigios tecnológicos comunistas: la torre de la televisión y el reloj mundial. Tecnología puntera de la RDA que los socialistas mostraban al mundo como símbolos de su poderío.
El reloj universal Urania (1969) marca las horas de las principales ciudades del mundo y muestra una representación del sistema solar.

El reloj universal fue uno de los prodigios que la RDA mostró al mundo


De la torre hablaremos detenidamente más adelante, en unos días la visitaríamos.
No muy lejos de allí, se alza la Marienkirche.
Se trata de un edificio gótico reconstruido (como todo el Berlín) cuya joya conservada son 22 metros de estela llamada la danza de la muerte, que data de 1485 y es el más antiguo de Alemania en su género.
La iglesia está considerada como la iglesia parroquial más antigua de Berlín junto con Nikolaikirche. 
En la misma plaza pudimos ver la fuente de Neptuno, con cuatro imponentes figuras que para unos representan las cuatro estaciones y para otros los cuatro ríos principales de Alemania. Un buen lugar para hacer un alto en el camino y recuperar fuerzas.
Otro edificio emblemático ubicado en la plaza es el Berliner Rathaus, conocido popularmente como el "Ayuntamiento Rojo" tanto por el color del inmueble como por la ideología de la administración. Actualmente es la sede del Ayuntamiento y del Senado.

El Ayuntamiento es un edificio magnífico
Aun tuvimos tiempo para cruzar la calle y entrar en el Radisson. En el vestíbulo de este lujoso hotel hay un espectacular acuario, que es digno de contemplar.

¿Un acuario en el vestíbulo de un hotel?

Caminamos hasta el Nikolaiviertel, un pequeño barrio íntegramente reconstruido al estilo medieval por la RDA en 1987. Es un antiguo barrio de pescadores de Berlin.
Representa un agradable paseo y nos llevó hasta la orilla de uno de los brazos del río Spree. 
Nuestros pasos nos llevaron hasta la Nueva Sinagoga, con su preciosa y resplandeciente cúpula de estilo bizantino, donde se cuenta, que en tiempos, Albert Einstein solía tocar el violín para la comunidad judía. Esta sinagoga solo sufrió daños leves durante la tristemente célebre "noche de los cristales rotos" de 1938; fue en 1943 cuando quedó destruída. Su reconstrucción comenzó en 1988 en el 50 aniversario de la mencionada "noche".

La maravillosa cúpula de la Nueva Sinagoga reluce con fuerza gracias a los últimos rayos del día
Ya era la hora de cenar así que nos dirigimos hasta Auguststrasse 24, en el famoso barrio de Mitte para cenar en un restaurante-cabaret con solera: el Clarchens Ballhaus, que sigue siendo salón de baile. Sus paredes nos trasladaron a tiempos desenfrenados, liberales, en el preludio todavía de la tragedia que la ciudad viviría...
Aunque para cenar, elegimos su animado jardín y dimos por concluido nuestro día degustando las famosas salchichas alemanas.


Podéis seguir nuestra visita a Berlín en el siguiente capítulo: diario de Berlín

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