Diario de Viaje: Baviera

 

Un viaje en coche por Baviera, que nos llevará por pueblos de ensueño, de cuento de hadas, recorriendo la ruta romántica de la región alemana que invita a pasear sosegadamente, a disfrutar de sus paisajes. Un viaje que se anticipaba maravilloso y que se vio truncado por un regreso anticipado que nos dejó, sin poder descubrir los castillos de leyenda de Füssen y sin degustar la famosa cerveza de Munich.

Cuando iniciamos nuestro viaje por Berlín, Sajonia y Baviera, nada nos hacía sospechar que nuestro viaje terminaría de forma inesperada, varios días antes de que llegáramos a Munich, nuestro destino final de esta aventura. Pero no adelantemos acontecimientos, porque mientras viajábamos por la región bávara, disfrutábamos de cada instante, que ahora, recordamos y atesoramos con más cariño por lo que al final nos aconteció.
Abandonábamos Sajonia con muy mal tiempo, no en vano, pocos días después se producirían las mayores inundaciones en décadas de la zona y, ya en casa, veíamos asombrados como los caminos por los que habíamos transitado, se habían convertido en torrentes implacables de agua furiosa, que destrozaba y acababa con todo lo que a su paso encontraba.
Observábamos desde el sofá, como los noticiarios proyectaban imágenes de ríos que hacía solo unos días nos acompañaban tranquilos en nuestro camino y ahora se mostraban salvajes. Esa furia de la naturaleza era la que se estaba gestando cuando visitamos Bamberg, nuestra primera parada.
Llegábamos temprano por la mañana y aparcamos nuestro flamante coche de alquiler fuera del casco histórico al que nos dirigimos caminando, bajo una lluvia incipiente. Según nos acercábamos al casco histórico, confirmábamos el porqué de que Bamberg haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ya que es uno de los conjuntos urbanos antiguos más grandes e intactos de Europa. Una sucesión de calles típicas de la Baviera, con sus casas barrocas burguesas nos recibieron.

 
Decidimos buscar la oficina de turismo donde nos hicimos con unos planos e información de los lugares más emblemáticos del lugar.

Cualquier rincón, cualquier esquina esconde un tesoro
Desde luego su casco histórico es una auténtica joya bávara, el Ayuntamiento sobre el puente es una delicia barroca y el angelote protagonista del mural, llama la atención de los turistas allí congregados, cuando se paran a observar los frescos que lo decoran. Este original edificio debe su ubicación a que el arzobispo no quiso ceder terreno a los ciudadanos para la construcción de su ayuntamiento, por lo que los bamberguenses lo construyeron sobre una isla artificial en mitad del río. Este lugar marca el límite entre la zona burguesa y la zona episcopal.
El Ayuntamiento enclavado en un lugar único
Dejando atrás la zona de la isla, subimos hasta Domplatz, nos acercamos hasta la imponente Catedral Imperial y nos quedamos maravillados por la grandiosidad del lugar. Dentro de la catedral se encuentra el sepulcro del papa Clemente II y el jinete bamberguense del que se desconoce tanto su identidad como la del artista que esculpió la escultura.
No muy lejos de allí, saliendo de la catedral hacia la izquierda pudimos visitar el Jardín de las Rosas, que además de ofrecer magníficas vistas de Bamberg, en primavera y verano se muestra en su mayor esplendor por albergar más de 4500 rosas, divididas en 48 tipoligías.

El Jardín de las Rosas
 
 Como comenzaba a llover, bajamos las escaleras que nos llevaban de nuevo a la isla y allí mismo nos metimos en un restaurante.
Elegimos el Scheiners am Dom (Am Katzenberg 2), acogedor, sirve comida bávara y bien de precio. La comida fue consistente, tomamos dos Kellerbier y una olla de salchichas, cerdo asado, patatas y una cebolla rellena de carne, típica de la región, nos dejó exhaustos y con ganas de una siesta, pero no podíamos perder tiempo pues teníamos que llegar a Nuremberg donde pasaríamos la noche. Por esta comida pagamos 25.50€

Contundente olla bávara
Aun así nos paramos antes a contemplar la preciosa vista de la Pequeña Venecia, a orillas del río Regnitz. Un encantador conjunto de casitas con entramado de madera que conservan su estructura medieval y sus correspondientes jardines y embarcaderos.
La Pequeña Venecia
Cuando a media tarde llegábamos a Nuremberg, resultó que no pudimos acceder con el coche al interior de la parte amurallada, pues había una carrera ciclista y el tráfico estaba cortado. Así que dejamos las maletas en el coche y nos dirigimos al hotel en el interior de las murallas medievales para hacer el check in.
Nada más entrar, me di cuenta de que Nuremberg me iba a sorprender. Poco sabía de ella, apenas algo de su historia sobre los desfiles nazis y los posteriores juicios que allí se llevaron a cabo. Y sin embargo, se abrió ante nosotros como otra bellísima ciudad medieval, devastada durante la Segunda Guerra Mundial y que el tesón y la fuerza de voluntad de los alemanes ha hecho que ésta, igual que otras muchas ciudades alemanas vuelvan a brillar como lo hicieron antaño.

Un maravilloso casco histórico, menos colorido que el de Bamberg, más sobrio y sosegado, nos invitó a pasear durante toda la tarde. Su castillo, el Kaiserburg, permanecía cerrado por reformas, así que nos dedicamos a pasear por los jardines, la muralla y ser testigos de las vistas de la ciudad desde lo alto.

Vistas del casco histórico de Nuremberg
 Bajamos y deambulamos por las plazas, por las calles y entramos en varias de sus iglesias, algunas de las cuales mostraban fotos de cómo quedó la ciudad tras la guerra. Impresiona, mucho, darse cuenta de lo mucho que este país ha trabajado, los obstáculos que ha superado y no puedo sino dejar de admirar el carácter honesto, trabajador y fuerte de los germanos.
En Haupmark, se encuentra Frauenkirche, la Iglesia de Nuestra Señora, construida en un gótico tardío imponente.

Detalle de Frauenkirche

En esta misma plaza se ubica la oficina de información y turismo y una preciosa fuente que el mapa denomina simplemente como "Fuente Hermosa".


Teníamos que salir a por el coche, dejar las maletas en el hotel y llevarlo a un parking. Aquí no entendimos bien y pagamos un dineral por dejar el coche toda la noche, nos podríamos haber ahorrado mucho, pero hubo un malentendido y además, no leímos bien las tarifas de aparcamiento que estaban bien claras. Entono el mea culpa.
Nuestro hotel, acogedor y cálido hizo que todo el agotamiento del día surgiera implacable y decidiéramos saltarnos la cena y meternos directamente debajo del mullido edredón. Un poco de lectura y preparación del día siguiente mientras oíamos la lluvia golpear contra las contraventanas de madera, hicieron que nos dejáramos llevar y dormimos plácidamente hasta el día siguiente.

Tras un sueño reparador, no desayunamos en el hotel pues el precio era desorbitado y nos dirigimos al mercado de la Haupmark donde por unos pocos euros un café y unos bollos nos supieron a gloria.

Mercado y Frauenkirche
Continuamos con la visita a la ciudad, por aquellos lugares más importantes.
Pero antes, lo que más me gusta: explorar los mercados locales es una de mis actividades favoritas. Productos frescos, hortalizas, verduras, frutas, un tubérculo que comíamos cuando de pequeña pasé una temporada en Alemania y que no había vuelto a ver desde entonces… todo con una pinta deliciosa, pasábamos de puesto en puesto oliendo y casi saboreando los productos de la zona.
Nos pusimos de nuevo en marcha para visitar lo que nos quedaba por ver en la ciudad, que no era poco. Así que cruzamos el río para llegar hasta la magnifica Lorenzkirche, iglesia de San Lorenzo, otro maravilloso ejemplo del gótico alemán, magnífica edificación que nos deja absolutamente maravillados por su belleza.

 
En su interior, destacan la Anunciación de Veit Stoss, suspendida desde la bóveda, altares medievales y las vidrieras y rosetones de una delicada perfección.
Paseamos por Königstrasse hasta el Patio de los Artesanos, un entramado de callejuelas medievales, con tiendas y pequeñas casitas, pero dada la hora, todavía un poco temprana, no estaban en su máximo momento de actividad, así que salimos de la ciudad amurallada dándonos justo de frente con la Hauptbahnhof, la estación central.

 
 Seguimos por esa avenida dejando a nuestra derecha la muralla hasta llegar a la Opernhaus (la Ópera), que quedaría a nuestra izquierda.
Deshicimos nuestros pasos y a media mañana, tras el susto del pago del aparcamiento salimos de la ciudad amurallada para ir al, Justizpalast, Palacio de Justicia donde se celebraron los "juicios de Nuremberg" para después, ir hacia la explanada conocida por ser el lugar donde Hitler y los nacionalsocialistas veían pasar sus sobrecogedores desfiles de masas, el campo Zepelin. Hay fotografías y documentación interesantísima.

Dimos por concluida esta visita y pusimos dirección a Rotemburg au der Tauer. Otro pueblo de cuento, uno de los más fotografiados de la Baviera y uno de los conjuntos medievales en mejor estado de Europa y ya iban dos en este viaje.
Teníamos un especial interés por alojarnos en un Gastoff, casas de huéspedes típicas bávaras y elegimos un hospedaje dentro de las murallas de la ciudad. Una casa típica alemana, antigua, con mucha madera  y olor a chucrut, muy bien ubicada aunque bastante modesta.

Rincones con encanto
Esta parada era una de las más esperadas del viaje, pues el lugar es realmente precioso. Volvimos a dedicarnos a pasear por sus antiguas callejuelas, primorosamente conservadas y delicadamente cuidadas por sus habitantes y enseguida nos dimos cuenta de que es una ciudad con un romanticismo y encanto fuera de lo común. Las murallas con sus torres y puertas de acceso a la ciudad, las casas de entramado y las fuentes públicas... Rotemburg es un pueblo de cuento de los de verdad.

 
Comenzamos nuestra visita por la Markplatz (Plaza del Mercado), donde se alza el imponente Rathaus que es el Ayuntamiento, gótico y renacentista, y la preciosa fuente de San Jorge, las más grande de la ciudad.

Fuente de San Jorge (patrón de Aragón)
En Rotemburg está el pueblo navideño de Käte Wohlfahrt, abierto todo el año, que te transporta directamente a un mundo de fantasía. Precios intocables, pero hay piezas magníficas. Auténtico arte  y ambiente navideño cualquier día del año.
Tuvimos tiempo de entrar al museo de Criminología de la Edad Media, que muestra, en una exposición dividida en cuatro plantas, instrumentos de tortura y escarnio, jurisprudencia medieval y muchos artículos curiosos, como sellos, monedas, etc. Es una visita bastante interesante.
La St. Jakobs-Kirche (Iglesia de Santiago) es una de las más importantes de la ciudad, muestra de ello es su imponente tamaño.
Pero si hay algo que caracteriza a Rotemburg y que la hace reconocible mundialmente, es su preciosa imagen de la Plönein con la Torre de Siebers de fondo y la Puerta de Kobolzell más allá.
El rincón más fotografíado, parece salido de un cuento de hadas

Esta puerta nos dio acceso a la muralla en la que figuran placas con los nombres de aquellos donantes que ayudaron a recuperar la ciudad y comprobamos que uno de los entretenimientos de los turistas japoneses era localizar las placas de sus compatriotas. Desde aquí bajamos a la carretera que pasa por debajo de la ciudad, para contemplar la vista panorámica desde el puente doble. La silueta del pueblo nos regaló preciosas estampas.


Para cenar salimos fuera de la muralla, a un Gastoff vecino el Rödertor (Ansbacher Strasse 7), para comer más espárragos y contundente comida alemana acompañada de jarras de cerveza. No es una gastronomía muy variada, es sencilla y repetitiva pero a mí me encanta, es sabrosa y deliciosa. La cena nos costó 30.50€ y el sitio se llenó de turismo local.
Para finalizar el día nos dedicamos a dar un paseo nocturno por las encantadoras calles iluminadas y tomar unas fotos preciosas. Hay dos  visitas guiadas por un sereno, una en inglés y otra en alemán que salen del centro de la ciudad.
Nos iríamos a dormir muy satisfechos por todo lo que habíamos visto ese día, porque los pueblos bávaros nos estaban conquistando.

Como es habitual en nosotros madrugamos y bajamos a desayunar al comedor. Yo empecé a notar algo extraño en mi cara pero no sabía cómo describirlo, tal vez una alergia o algo que hacía que notara rara parte de mi rostro. No le di importancia y continuamos hasta otro precioso pueblecito medieval: Dinkelsbühl.
Un día soleado nos recibió, lo que hizo que el paseo aun fuera más agradable.

Un pueblo tranquilo y bucólico por el que perderse

Nos agenciamos un plano en la Oficina de Turismo y nos dedicamos a buscar aquellos lugares de interés que marcaba. Dimos una vuelta completa al magnífico pueblo al que se accede por cuatro de las puertas que se abren en la muralla, jalonada de torres. El paseo consiste en rodear el pueblo y descubrir sus casas medievales, edificios públicos, puertas, torres. Es un lugar muy agradable y apacible que te hace planteártelo como posible lugar de retiro.

 
 Aun pudimos tomar algo en una terraza de la Markplatz con vistas a la Catedral de San Jorge por el buen tiempo que hacía.

A última hora de la mañana nos marchamos hacía Augsburgo. Teníamos un hotel reservado cerca del centro pero nos encontramos con que toda la ciudad estaba levantada por obras, el GPS no sabía ni por donde llevarnos. Al final, bajé, fui caminando hasta el hotel y les pedí que nos indicaran como llegar.
Se nos había hecho la hora de comer, tomamos algo de lo que habíamos comprado en un supermercado: ensaladas, fiambre y cerveza, por supuesto, y salimos a hacer turismo. Seguía notando mi cara muy rara. Habíamos llegado a la conclusión de que algo me había sentado mal y se me había hinchado la mitad del rostro.
El centro de la ciudad, más grande que los pueblos que habíamos visitado, es muy elegante y señorial. El esplendor imperial, tan diferente a todos los pueblos que habíamos estado visitando, está patente en todos los rincones.

 
Subimos al Ayuntamiento renacentista, donde es de obligada visita la sala dorada (2.5€), famosa por sus artesonados y sus murales. Desde sus ventanales se ofrece una magnífica vista de la plaza.

Salimos hacia la Catedral o Dom, de estilo románico-gótico que acoge impresionantes frescos...

...y cuando salimos de aquí me decidí a entrar en una farmacia a preguntar por mi cara, pues notaba un ojo muy seco y cada vez me era más complicado mover la parte derecha. Allí me recomendaron que visitara un médico.
Siempre viajamos con seguro médico y además, en Europa con la tarjeta sanitaria europea. Así que regresamos al hotel caminando preguntamos por el hospital y llamamos a nuestra compañía de seguros. El hospital estaba un poco alejado por lo que tuvimos que ir en coche.
Cinco horas estuvimos esperando en urgencias, primero a que nos atendieran, luego a esperar los resultados de las pruebas que me iban haciendo y finalmente al informe del médico.
No entraré en detalles, sólo comentaré que nos asustamos mucho porque nos dieron dos diagnósticos, uno de ellos requería una punción lumbar para desecharlo, así que decidimos finalizar nuestro viaje y regresar al día siguiente a España, aconsejados también por los doctores que me atendieron.
La atención que me brindaron, salvando las esperas, fue exquisita, pero yo iba empeorando por momentos, no merecía la pena seguir adelante.
Estuvimos en contacto con nuestro seguro desde el primer momento y luego se hicieron cargo de todos los gastos de nuestra repatriación y medicinas. Eso sí, tuvimos que adelantar todo el dinero y nos lo ingresaron unas semanas después.
Es la primera vez que hacemos uso de nuestro seguro de viaje, pero aun viajando por Europa es muy importante llevar uno con buenas coberturas, de lo contrario, nos habría costado mucho dinero, ya no la atención médica que estaba cubierta en Alemania, sino todos los gastos que el regreso a España conllevó.
Anulamos los dos hoteles que teníamos reservados, el de Füssen y el de Munich, reservamos un vuelo de vuelta y a la mañana siguiente cogeríamos un vuelo desde Munich que nos llevaría a casa.
Así pusimos punto final a nuestro viaje por Alemania. Nos encanta este país así que estamos seguros de que volveremos para terminar nuestra ruta.
Os dejo datos de todo lo que teníamos preparado para hacer, para que podáis preparar vuestro viaje.
Contactando con la Oficina de Turismo de Munich conseguimos muchísimo material que nos enviaron a casa: mapas y planos, rutas, hoteles...
Primero visitaríamos el Castillo de Neuschwanstein para el que habíamos reservado hora de visita. Este castillo lo visité con 12 años y recuerdo que su visión me pareció tan fantástica que esa noche, mi hermana y yo soñamos con príncipes y princesas, con ranas encantadas, con malvadas brujas y con maravillosas hadas y magia, mucha magia.

Minilibreta y su hermana a punto de entrar en el castillo
En Munich, nuestra idea era hacer la visita gratuita al centro de la ciudad con NewEurope (la misma con la que habíamos recorrido Berlin) y contratar con esta misma empresa el Desafío de la Cerveza. Nos habría gustado comer en el famoso biergarten Augustiner Keller, que estaba justo al lado del hotel que habíamos reservado y comer uno de los Wiener Schnitzel más grandes del país, aunque no concebíamos que fueran más grandes que los que ya habíamos comido en Berlín o Dresde.

Fotos cedidas por nuestros amigos Juanchos Family
Por último, también teníamos pensado ir a visitar Dachau en tren desde la ciudad, un campo de concentración cercano.
Todo esto se nos truncó de forma inesperada, ahora que el tiempo ha pasado, que sabemos que el desenlace ha sido bueno, vemos las cosas de otro modo. Lo importante, lo que valoramos hoy por hoy es que estamos bien, la salud de nuevo nos acompaña y Munich nos espera en un próximo viaje al país, esperemos que no muy lejano en el tiempo.

HOTELES

Nuremberg
Hotel Agneshof (55€ habitación doble con baño): ubicado en el interior de la ciudad amurallada es un hotel muy acogedor y cálido, que invita al descanso. Limpio y con artículos de baño. Acceso wifi gratuito.
Rothemburg ob der Tauber
Gasthof Zum Breiterle (70€ habitación doble con baño y desayuno): ubicado intramuros es una antigua casa bávara. Sencillo. El desayuno es contundente.
Augsburgo
Ost Am Kö Cityhotel (70€ habitación doble con baño): cerca de las visitas más importantes de la ciudad, para visitarlas a pie. Habitaciones excepcionales, grandes y limpias. El baño disponía de artículos de aseo.

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