Una mañana en Harlem


Una visita al barrio de Harlem es una experiencia que no debe dejarse olvidada en una visita a Nueva York y si a esto unes la posibilidad de hacerlo en domingo y ver una misa, la experiencia será aun más completa y especial.
Nos levantamos temprano para estar a las 9 de la mañana por las calles de Harlem, paseando y viendo el ambiente dominical en los alrededores de las innumerables iglesias que tiene este distrito.
En la calle 125 pudimos ver una colección de obras del artista Franco The Great pintor que se dedica a decorar las persianas de los comercios de la calle. Merece la pena acercarse cuando las tiendas aún no han abierto para poder ver estos murales y si tienes suerte cruzarte con él y hablar en un aceptable castellano o hacerte una foto o comprarle alguna de sus pinturas.



Proseguimos el paseo y llegamos hasta las puertas del mítico Teatro Apollo cuyos escenarios han pisado grandes estrellas de la música. A la entrada se ven los nombres de estos grandes artistas universales.

Pasamos por famosas iglesias como la Abysinian o la Antioch, entre otras. Dudábamos en cual quedarnos y nunca sabremos si acertamos pues solo hemos visto la misa de la Canaan, donde no dejaban hacer fotos ni videos, así que no podemos compartir imágenes con vosotros.

Desechamos las otras porque se dice que son puro espectáculo y porque autobuses de turistas acuden a verlas, cosa que le quita bastante encanto, pero eso tampoco creo que sea algo malo ya que Nueva York es espectáculo en todos los aspectos y en todos sus rincones.
La cuestión es que a eso de las 10 horas llegábamos a las puertas de la Canaan Batist Church en la 116 y una docena de turistas se reunían despistados en sus puertas. Justo cuando llegábamos un señor muy elegante, con un traje con raya diplomática y un sombrero de ala se acercó al grupo y dijo que formáramos una fila organizada a la entrada de la iglesia y justo nos pusimos los segundos ;-), por una vez tuvimos un poco de suerte ya que a los pocos minutos la fila formada era larguísima y no paraban de llegar taxis con turistas que seguían uniéndose a la cola. La mayoría de ellos italianos, pues disfrutaban del puente de la Inmaculada como los españoles.

Nos encantó esperar a las puertas y ver como los feligreses iban llegando muy elegantes vestidos, ellas de peluquería y con sombreros a veces extravagantes, ellos impecables con sus trajes.


Una señora mayor se paró ante nosotros y nos dijo: “I love you, guys”, otros nos daban las gracias por acudir a su ceremonia.
Pasaban unos minutos de las 10:30 horas cuando el señor elegante del traje de raya diplomática nos dejó pasar, pidiéndonos que dejáramos en la entrada las mochilas y que no hiciéramos fotos ni videos durante la misa.
Nos sentaron en un anfiteatro arriba, enorme, con capacidad para más de 200 personas, la mayoría éramos turistas pero había gente de la congregación escuchando misa. Nos pusimos al lado de una señora que nos prestó un libro de himnos para que cantáramos junto a ellos.
Y empezó: allí salía a hablar todo el mundo, por supuesto el pastor, pero también niños, jóvenes, no tan jóvenes salían a dar gracias. El coro cantaba canciones preciosas con sus voces increíbles, que hacían que los pelos se te pusieran de punta, acompañados de una banda con batería, teclados, bajo... La gente daba gracias, gritaba amen y se emocionaban con las canciones del coro.
Y si tienes sangre en las venas te unes y tocas palmas, cantas ayudado del libro que nos prestaron, bailas y te emocionas junto a ellos. Y seguía saliendo gente a dar gracias, y felicitaban a los buenos estudiantes, y repartían sobres con algo que no logramos averiguar qué era, y dieron gracias a los visitantes que estábamos de todas las partes del mundo, y pasaban el platillo… total que la misa se alargaba y se alargaba, y los “amenes” se prolongaban y cuando llevábamos una hora y tres cuartos decidimos salir discretamente del recinto, no sin antes haber dejado unos dólares en el cepillo.
La señora a nuestro lado, nos dio las gracias por haber estado allí, se le veía muy sincera y nos deseó feliz estancia en la ciudad.
Y así terminó esta gran experiencia.
Cruzamos la calle y nos dispusimos a comer en el Amy Ruth’s especialista en comida sureña y en gofres con cualquier cosa que podáis imaginar, dulces o salados.


Nos marchamos así de Harlem, con buen sabor de boca, literalmente, pues el gofre con pollo estaba delicioso y por la gente tan amable que componen este barrio tan especial.
Consejos para la misa en Canaan en la calle 116: nosotros hicimos la cola, pero luego realmente no hacía falta pues el aforo era muy grande, la gente entra y sale cuando se cansan y los huecos que van quedando los van ocupando con nuevas personas. Cantan durante toda la ceremonia, así que si queréis oír estas fantásticas voces podéis llegar a cualquier hora, mientras dura la misa. Eso sí, hablan más que cantan, a ratos se nos hacía un poco pesado. Pero aun así es muy recomendable.



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