Dos días en las Montañas del Norte de Vietnam


Una de nuestras aspiraciones desde que empezamos a pensar en un viaje a Vietnam era la de ir unos días a las montañas del norte, hacer algún trekking y poder pasar la noche en alguna aldea. La mejor época para el senderismo es desde septiembre hasta mayo.

Treking en las montañas de Sapa


En Hanoi contratamos un viaje al norte en tren nocturno hasta Lao Cai.
Ya sólo la estación de Hanoi merece una visita, el correr atravesando las vías con tus mochilas para llegar hasta el tren, rodeados por cientos de personas es toda una experiencia.
Reservamos un compartimento privado con cuatro literas para poder dormir un poco durante el trayecto. Las cabinas no tienen más que los cuatro camastros y alguna cucaracha que nos acompañarán todo el viaje. El viaje al baño es mejor evitarlo, aunque tantas horas resulta intevitable.
Partimos a las 21 horas de Hanoi, nos enfundamos en nuestros sacos de seda, comprados para la ocasión y dormimos hasta que nos despiertan poco antes de llegar a Lao Cai. La noche no ha sido tan larga como pensábamos.

En la estación, nos espera un transporte para llevarnos hasta SAPA y enseguida empezamos a ver las famosas terrazas de arroz. En Sapa nos llevan al Royal View Hotel con vistas al monte FAN SI PAN, el más alto del país con 3.143 metros.
La ciudad se levanta a 1.600 metros de altitud en un entorno montañoso, donde en invierno son frecuentes las heladas y las bajas temperaturas.

Desayunamos copiosamente en el hotel y nos prestan una habitación para ducharnos y cambiarnos de ropa. Después damos un paseo hasta las 10h. cuando el que será nuestro guía nos pasa puntualmente a buscar.
"Neim" es nuestro nuevo guía, un chico al que llegaremos a apreciar por su simpatía y amabilidad.
Dejamos nuestras mochilas en el hotel y comenzamos la caminata. Es aconsejable salir con algo de ropa, repelente y crema para el sol.
La caminata de hoy va a ser larga con subidas y bajadas pronunciadas.
Desde el principio seis mujeres de la etnia Black Hmong nos acompañan porque saben que vamos a dormir en su poblado y aprovecharán para vendernos algo de los tejidos que ellas bordan.
Van vestidas con trajes oscuros tradicionales, muy bordados y coloridos, llevan un cesto a la espalda y un calzado muy poco apropiado para el trekking que nos espera.



El día amanece soleado, pero también caluroso y el sol a esta altura pica y quema más.
Subimos, bajamos, cruzamos algún río y tras 3 horas de dura caminata llegamos a LAO CHAI donde comeremos una comida tipo pic-nic, junto con cerveza y agua fría.
La fuerza de las mujeres que nos acompañan es envidiable, incluso hay tramos en los que nos ayudan con la subida. Se interesan por nuestro estado civil, número de hijos, edad... probablemente porque sea lo único que saben decir en "inglés", aunque a lo largo del viaje por el país numerosas personas nos preguntan lo mismo, supongo que será costumbre.
Al cabo de unas horas de bonitos paisajes, bosques de bambú, cascadas, ríos y arrozales llegamos al pueblo de GIANG TA CHAI, de la minoría Dzay donde vamos a dormir en una casa local junto a una familia.



Se trata de una pareja joven con dos niños pequeños de unos 4 años y 7 meses.
Antes de ver la casa nos ofrecen un te y nos dejan con las Hmong que sacan sus mercancías y por supuesto con nosotros, hacen negocios.
Ya dentro de la cabaña, nuestras camas están en la parte de arriba, una especie de altillos o buhardilla. Las camas consisten en unos colchones en el suelo con una almohada, una gruesa manta y mosquiteras ¡todo un lujo!.
Dejamos nuestras cosas y nos damos un baño en el río, justo al lado de la casa, un paraiso de tranquilidad pues no hay ni un solo turista en todo el poblado. Compartimos el baño con unos niños que se tiran al agua desde las rocas.
Luego damos una vuelta por el poblado. Hay muchos niños correteando medio desnudos y descalzos, junto con bueyes, perros, gallinas y pollitos... Niños muy pequeños, algunos no saben casi ni andar todavía.


Neim y la familia están preparando la cena. Nos invitan a aprender a hacer rollitos y nos enseñan como trabajar el delicado papel de arroz, humedeciéndolo primero y después enrollando el relleno. Es divertido.
Nos dejan un rato al cuidado del bebé pero ninguno tenemos buena mano con los niños así que se pone a llorar y su madre tiene que venir a recogerlo.
Al cabo del rato, ponemos la mesa y nos disponemos a cenar: un despliegue de comida y platos se abre ante nosotros. Todo está delicioso. Nos alucina con los pocos medios que tienen, porque la cocina es un fuego en el suelo.
Nos invitan a beber y a brindar con ellos un vino de arroz de fabricación casera. Es bastante fuerte, pero la cosa se va animando y nos terminamos la botella entre todos.
Les enseñamos a brindar a la española, ellos a la vietnamita a nosotros y pasamos un rato muy divertido.
Poco a poco nos vamos retirando a la cama.
Personalmente reviso bien el colchón, porque durante la cena una mantis y yo hemos estado mirándonos fijamente todo el rato, y no quiero encontrar invitados inesperados durante la noche.
Nos enfundamos en nuestros sacos, echamos las mosquiteras y... a dormir. El baño está fuera de la casa así que lo mejor es intentar no ir mucho al baño.

El amanecer es espectacular. El tiempo nos sigue acompañando y el sol ilumina las terrazas de arroz, las montañas entre la bruma y los bosques.



Nuestro guia nos prepara unas crepes y mientras tanto seguimos intentando hacernos con el bebé, nos mira con los ojos muy abiertos y no hay manera de arrancarle una sonrisa.
El desayuno nos aporta energía para comenzar una nueva caminata.
Después de despedirnos de la amable familia que nos ha acogido salimos del pueblo.
Subimos un poco la montaña para llegar a casa de unos ancianos de la etnia DAO ROJO. Nos enseñan como viven y nos adentramos algo en sus extrañas costumbres, como la de que cuando nacen gemelos del mismo sexo, matan a uno de ellos. Las mujeres llevan un tocado rojo y cuando se casan se afeitan las cejas y toda la parte delantera de la cabeza. No comen perro, porque cuenta la leyenda, que hace años las lluvias arrasaron el pueblo, todo el mundo murió y solo sobrevivieron un hombre y una niña. Cuando la comida se agotó sobrevivieron gracias a la leche de una perra.


Tras esta interesante visita, seguimos disfrutando del paisaje  de las montañas y llegamos a medio día donde nos espera la comida, a base de tallarines con todo.
Después de comer llegamos al hotel en Sapa y nos esperan nuestras maletas y una reconfortante ducha.
Ha sido una experiencia inolvidable y muy recomendable.

Diario de Viaje Completo a Vietnam

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