17 días en Madagascar (días 10 a 17 de la ruta)

Estábamos a mitad de nuestro viaje y Madagascar seguía asombrándonos cada día que pasaba. Los traslados resultaban agotadores pero nos llevaban a lugares que solo habíamos podido soñar.
Nos encontrábamos en Morondava. Esperábamos noticias sobre si el acceso al Parque Nacional del Tsingy de Bemaraha mejoraba ya que estaba intransitable debido a las lluvias y los coches se estaban quedando atascados en el barro.

Día 10 Morondava

Pasamos el día en Morondava esperando a ver si el camino al Tsingy se secaba y mejoraba un poco.
Pero no perdimos el tiempo. Decidimos contratar dos piraguas con dos remeros para que nos llevaran hasta la isla de Betania. El hotel nos puso en contacto con unos chicos que podrían llevarnos.
Madagascar: Isla Betania en Morondava
La marea estaba baja cuando empezamos nuestra navegación
Llegar a esta isla, habitada por pescadores es un espectáculo. Arribamos cuando casi todos sus habitantes estaban en la playa recogiendo, limpiando y seleccionando la faena que traían los pescadores aquel día.

Madagascar: Isla Betania en Morondava
Playa de Betania en Morondava

Fue una de las estampas más bonitas del viaje,  el colorido y bullicio que allí se vivía nos cautivó.
Las mujeres pintan su cara con un barro amarillo, algunas de un modo virtuoso.

Madagascar: Isla Betania en Morondava
Estética y protección solar en Madagascar
Aún pudimos dar una vuelta por el poblado para ver como vivian, acompañados por uno de nuestros barqueros y bebernos un coco que unos chicos nos cortaron de una palmera.
Es una aldea pequeña, sin electricidad y con agua que extraen de pozos.
En las barcas pueden ir dos o tres personas y pagamos 30.000 ariary por cada una.

El resto del día lo pasamos tomando zumos, cervezas, comiendo marisco en Le Corail y al final de la tarde, justo antes de cenar, vino Hery y nos contó que había gente que había pasado al Tsingy y si nos atrevíamos, por su parte lo intentaría. ¡Y vaya que si nos atrevimos!

 

Día 11 Viaje a Bekopaka


El día comenzó temprano. Sin poder desayunar en el hotel nos pusimos en camino a las 6 de la mañana, con unos plátanos que nos servirían para llenar el estómago.
Pronto terminó la carretera y comenzó la pista de tierra, en tan mal estado que enseguida comencé a marearme. Tuvimos que parar un par de veces para ver si mejoraba pero todo iba a peor hasta que vomité, entonces es cuando noté algo de alivio y pudimos continuar.
Tras cuatro horas de camino, eran las 11 más o menos cuando llegamos a Belo Sur Tsibirina, cruzando con un "ferry". La embarcación en cuestión eran dos barcazas unidas por tablones y ahí se subían los pasajeros y nuestro jeep.

Madagascar - Bekopaka
Ferry hacia Belo Sur Tsibirina

La verdad es que las vistas eran preciosas, el cruce del río lento nos dio un momento de respiro.

Madagascar - Bekopaka
En el ferry hacia Belo Sur Tsibirina

Aunque era pronto comimos en Mad Zebú, un restaurante de calidad en el lugar donde menos te lo esperas encontrar, que nos habían recomendado los amigos de Nos Vamos de Viaje. Una sugerencia acertadísima, nos encantaron todos los platos que pudimos probar. Y también nos tomamos el mejor café expreso del viaje.

Madagascar: Belo Sur Tsibirina 

Madagascar - Belo Sur Tsibirina

Seguimos adelante cuando al poco, Hery nos dijo que quedaba lo peor. El camino estaba embarrado porque había estado tres días lloviendo sin parar y aunque habían pasado unos días aún seguía todo bastante complicado para transitar por ahí. Además, la gente del lugar, se habían dedicado a acondicionar (deforestar) un tramo al lado del camino, poner unos tablones cruzados y pedirte dinero para poder atravesarlo. Una especie de impuesto revolucionario, le dijimos a Hery no muy convencidos, por las tácticas y por los modos de sacar dinero al turista.
Pues bien, aún quedaban un par de puntos complicados y muy complicados por cruzar. En uno de ellos nos quedamos atascados, no podíamos ir ni hacia adelante ni hacia atrás.

Madagascar: Belo Sur Tsibirina 

Pero una estrella se apareció en nuestro camino, sólo había otro vehículo que estaba tan loco para viajar ese día a Bekopaka e hizo su entrada cuando algunos ya estábamos a punto de llorar. He de decir que nuestro chófer en ningún momento perdió los nervios, yo sí. Con una cuerda atada, el segundo coche, nos arrastró y nos sacó hacia atrás, pero había que volver a intentarlo. Hery, un gran conductor, hizo su magia y conseguimos atravesar la piscina de barro, no sin antes desalojar el coche por las ventanillas pues el agua y el barro estaba entrando por nuestros pies.

Madagascar: Bekopaka
Camino inundado hacia Bekopaka
Tras tomar un segundo ferry aun más destartalado y con un trayecto algo más corto y embarcar en él los dos jeeps, llegamos a Bekopaka y buscamos un alojamiento.

Madagascar: Bekopaka
Ferry que nos llevó a Bekopaka
No tuvimos problemas, porque al poblado apenas había llegado turismo esos días ¿quién en su sano juicio, se iba a atrever a hacer este viaje?
Elegimos el Grand Hotel y cenamos allí. Sorprendentemente, en un pueblo sin electricidad, sin calles asfaltadas, sin cerveza..., pudimos ver el partido de la Liga Española en una televisión de plasma.

Día 12 Visita Parque Tsingy


Para visitar el parque Nacional Tsingy de Bemaraha hay que ir primero a las oficinas del parque donde pagaremos las entradas y las tasas, nos asignarán un guía y recogeremos un arnés de seguridad. Después, hasta la entrada al parque aún queda una hora de viaje y un "impuesto revolucionario" para pasar.
Elegimos hacer la ruta de 8 km. que nos llevó alrededor de 4 horas.
Se comienza por una zona boscosa donde se pueden ver aves y lemures. Los protagonistas son los sifakas blancos de cola negra que solo pueden verse aquí. Los mosquitos también se convirtieron en protagonistas pues estaban muy activos y a pesar de los repelentes se cebaron con alguno de nosotros.

Madagascar: parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Sifaka blanco, especie endémica del parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Madagascar: parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Lémures en el parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Pronto comenzamos el ascenso. Todo está preparado con escaleras, cuerdas y clavos y te vas asegurando en ellos, aunque nos seas experto es una escalada bastante sencilla y no da miedo, porque hay muchos sitios para poner manos y pies.

Madagascar: parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Atravesamos algunas grietas muy estrechas en las que es mejor llevar frontal o linternas. También algún guante de los de tipo "vía ferrata" para proteger las manos, aunque tampoco es imprescindible.
Desde lo más alto, las vistas son fantásticas, podíamos ver todos los pináculos calizos grises del tsingy sobresaliendo, componiendo formaciones fabulosas.

Madagascar: parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Pináculos calizos en el parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Como el día anterior solo habíamos accedido dos coches a Bekopaka, hicimos solos la excursión, todo un lujo. Cruzamos un puente colgante y descendimos por el otro lado que también es muy bonito y disfrutamos mucho la mañana.

Puente colgante en el parque Nacional Tsingy de Bemaraha
Decidimos descansar el resto del día, no visitar el Pequeño Tsingy, pues seguramente nos habría defraudado después de la maravilla que habíamos visto por la mañana, y cenamos, acompañados de Hery, en un restaurante del pueblo frecuentado por guías y conductores, donde todos se sorprendieron al vernos entrar.
Aquella noche, contemplamos el cielo estrellado de Bekopaka, a simple vista pudimos contemplar la Vía Láctea.

Día 13 Viaje de Bekopaka a Morondava


Deshicimos el camino que habíamos hecho hacía dos días. Aunque ya había empezado a secarse el barro, nos dimos cuenta de que nuestro conductor había quedado con el otro chófer para hacerlo juntos y ayudarse mutuamente. Una gran idea pues en alguna ocasión hubo que empujar y vadear a pie los lugares más embarrados para asegurar por dónde iban a pasar los coches.
Madagascar: Bekopaka

Tras el primer ferry, llegaron las balsas embarradas y Hery comprobaba el terreno antes de pasar.

Madagascar: Bekopaka
Hay que comprobar el terreno antes de meterse con el coche

Los dos 4x4 atravesaron, no sin problemas el barrizal acumulado por la lluvia.

Madagascar: Bekopaka 

Tras cruzar las balsas de barro, nuestro conductor limpiaba y acondicionaba de nuevo el coche.

 

Cuando descendí el último ferry, respiré aliviada, la odisea había merecido la pena y estábamos de nuevo en ruta.
¡Salvados! el último ferry que nos llevó a tierra firme
Dos ferry después, una nueva comida en Mad Zebú y varias horas de horribles carreteras llegábamos nuevamente a la Avenida de los Baobabs y nos deleitamos un rato caminando por ella para llegar finalmente a Morondava. No sin haber sufrido mucho, nosotros y nuestro conductor.
En el Sun Beach nos habían guardado el equipaje grande, ya que habíamos viajado con pequeñas mochilas. Teníamos nuestra colada y nuestras acogedoras habitaciones preparadas.

Nos dimos un último homenaje en Le Corail, con más marisco y pescado fresco.

Día 14 Viaje de Morondoava a Antsirabe


Regresamos por el mismo camino del día 9 de nuestra ruta en sentido contrario para volver a dormir en Antsirabe. Son nueve horas de viaje hasta el destino, pesadas, pero un día más se nos regalaron maravillosas estampas.

Madagascar

Nuevamente nos detuvimos en Miandrivazo a comer y cuando llegamos a Le Trianon (repetíamos hotel) casi no quedaban habitaciones, tan solo familiares, aunque conseguimos que nos las dejaran un poco más baratas. Estas habitaciones eran mejores que las que nos asignaron días antes y disfrutamos de una noche muy agradable cenando en el restaurante del hotel que prepara deliciosos platos.

Día 15 Viaje a Andasibe, visita nocturna


Decidimos no desayunar en el hotel para hacerlo un poco más adelante, en Behenjy, donde está Le Coin du Foie Gras. Sí, parece un poco extraño desayunar foie, pero nuestra ruta se desarrollaba así y era el único día que pasaríamos por allí.
Llegamos a las 9:40 y pedimos varias porciones de foie con sabores de vainilla, pimienta rosa, natural... y unos filetes de hígado a la plancha. Estaba delicioso y decidimos comprar unas tarrinas para llevarnos a casa, bien envasadas para que aguantaran el viaje en avión. Merece la pena esta parada.

Madagascar: Behenjy
Le Coin du Foie Gras
Desde aquí, seguimos sin detenernos hasta Andasibe. El paisaje cambió de forma extraordinaria, todo se convirtió en verde y montañoso.
Una vez acomodados en los coquetos bungalós del Feon'ny Ala, pedimos la comida, que, aunque se había hecho tarde, no tuvieron ningún inconveniente en prepararnos.

Madagascar: Andasibe
Bungalós del Feon'ny Ala


Nuestro conductor nos presentó a un guía local para que pudieramos organizar las excursiones para los próximos días.
Esa noche nos acompañó en una visita al atardecer para intentar ver algún animal nocturno. Así que a la hora concertada salimos a caminar por la carretera, observando camaleones, ranas de árbol, grandes mariposas y una araña peluda tremenda para la que, no sin muchas reticencias por mi parte, tuvimos que adentrarnos un poco en la selva. Yo pensaba: "¿quién me dice a mi que sus amigas no están por aquí escondidas?"
Un poco después un pequeño  y precioso lemur ratón aparece con unos ojitos grandes que nos miraban curiosos. También tuvimos que introducirnos en la maleza y yo seguía pensando en la araña.
Dimos por concluida la visita y nos fuimos al hotel a cenar y a descansar.

Día 16 Reserva Maromizaha


La idea para este día, era visitar Matandia, pero un ciclón en marzo, había destrozado el acceso así que nos ofrecieron acceder a Maromizaha, otra reserva de más reciente creación.
Nos llevaron a unas oficinas en la carretera para pagar los accesos, luego nos dejaron en una explanada y comenzamos a caminar.
Nos dirigimos hacia el bosque primario, los caminos no eran muy accesibles y, a pesar de mis temores, no vimos sanguijuelas, aunque los mosquitos sí que eran muy agresivos y en mi caso, atravesaron hasta la ropa.
Nos costó mucho, fue bastante duro. Transitábamos por la selva, sin sendas ni caminos, la ruta era escarpada, pero al final pudimos ver una familia de varios Indri-Indrí, que solo se ven en esta zona y que son los más grandes de su especie.

Madagascar: Maromizaha
El lémur más grande es endémico de estas selvas

También son conocidos por sus cantos, que sirven para avisarse entre grupos y que, como pudimos comprobar son tan fuertes que pueden oirse hasta en tres kilómetros.
Estuvimos un rato disfrutando de su rutina, contemplamos como comían y nos observaban curiosos desde lo alto de los árboles. El guía nos había advertido de que al ser un bosque primario, muy frondoso, los animales no son sencillos de avistar, pero lo habíamos conseguido.
De vuelta al coche, aún pudimos ver de cerca un Lémur Rojo, según nos dijeron los guías.

Madagascar: Maromizaha
Lémur en Maromizaha
Al final, nuestro guía se había agobiado porque no nos estaba siendo fácil encontrar lémures y avisó a varios compañeros. Estábamos solos en la reserva con una patrulla de exploradores a nuestro servicio. Por supuesto, les recompensamos por su ayuda.
Esa tarde nos fuimos a Moramanga, que está a unos 20 kilómetros, para conseguir algo de dinero en efectivo y aprovechamos para tomar unos tés con pasteles en una patisserie del centro.

 

Día 17 Reserva Analamazaotra y viaje a Antananarivo


Lo que ocurrió este último día me tiene algo desconcertada. No sé si nos engañaron o tuvimos mala suerte porque el día había amanecido lluvioso y eso dificultó el avistamiento de animales.
La cuestión es que el guía nos dijo que la reserva de Analamazaotra estaba llena de gente y que él nos llevaría a un parque gestionado por la gente local, que era la continuación de la reserva oficial, por lo tanto, podriamos contemplar mejor la misma flora y la misma fauna, además de que en este caso, iría acompañado por un ayudante lo que nos facilitaría contemplar lémures.
El precio de entrada era casi el mismo, no fue eso lo que nos hizo decidirnos sino su determinación de que veríamos más cosas.
En cuanto nos pusimos a caminar, comenzó a llover y cual es nuestra sorpresa cuando descubrimos que nos estaba llevando por caminos que discurren por detrás de los hoteles, muy cerca de la carretera.
Salvo algún curioso camaleón, por ahí no había nada.

Madagascar: Analamazaotra
Los camaleones cambian de color para comunicarse y advertir de su estado de ánimo

Él nos explicó que es por la lluvia, que los animales no se mueven, pero comenzamos a dudar.
Al final de la ruta, que acortamos porque el chubasco comenzaba a ser molesto, habíamos conseguido ver un grupo de tres indri-indrí y cuatro camaleones.

Madagascar: Analamazaotra
El Indri Indri es muy territorial y grita para avisar a otros clanes familiares de su situación

No sé lo que ocurrió en realidad, pero mi consejo es que ante la duda, accedáis a la reserva oficial.

Nuestro avión despegaba esa noche, así que en tres horas nos plantamos en Tana.
Aquí el tráfico es muy lento y hay muchos gases de los tubos de escape. Ya no recordábamos lo que es una gran ciudad.

Madagascar: Antananarivo
Antananarivo es una de las ciudades más contaminadas del mundo

Antes de comenzar el turismo nos detuvimos a comer en el hotel restaurante Sakamanga, que nos encantó.
Luego nos desplazamos hasta el mercado de Analakely. Hery nos advirtió de que fuéramos precavidos por los robos, ya que aquí se concentra muchísima gente. Nada más bajar del coche, uno de nosotros notó como le abrían un bolsillo pero se dio cuenta rápidamente y no llegó la cosa a mayores.
Lo más atractivo del mercado son sus puestos de comida, aunque aquí se puede encontrar de todo, desde estridentes trajes de novia hasta talleres de reparción informática ubicados en maleteros de coche.
Recorrimos caminando la Avenida de la Independencia, flanqueada por elegantes edificios que alojan bancos, hoteles y oficinas y llegamos hasta la estación de tren.
Desde aquí nos trasladamos hasta Ambohipotsy y pudimos ver desde fuera el Palacio de la Reina, ya que lo estaban cerrando cuando llegamos.

Madagascar: Antananarivo
Palacio de la reina: Antananarivo
En esta zona las familias disfrutaban de un agradable paseo, hay un bonito mirador sobre Tana y cerca está el Palacio de Justicia que parece un templo griego.

Madagascar: Antananarivo
Vistas desde la parte alta de la ciudad: Antananarivo
Para finalizar el día, nos fuimos hasta La Digue, un gran mercado de artesanía donde comprar algunos recuerdos rezagados.
Como el atasco de coches era considerable, pusimos rumbo hacia el aeropuerto, cenamos de camino y nos despedimos en la terminal de nuestro amigo Hery que había hecho un gran trabajo durante todo nuestro viaje.
Poco después nuestro avión despegaría llevándonos de nuevo a casa, con nuevos recuerdos grabados en nuestras retinas.


La primera parte de nuestro viaje por Madagascar, puedes leerla aquí.
Si necesitas consejos de viaje, te contamos nuestra experiencia aquí y también hemos hecho un resumen con todos los hoteles donde nos alojamos.

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