17 días en Madagascar (días 1 a 9 de la ruta)

Planificar y montar la ruta por Madagascar fue bastante complicado. Sus carreteras y comunicaciones no son sencillas y había que aprovechar al máximo los días que teníamos. Aun así, a pesar de la dureza de los traslados y los viajes, la isla nos sorprendía a cada paso.


 

 

Día 1 Llegada a Madagascar: Noche en Antananarivo

Aterrizábamos en el sencillo aeropuerto de Antananarivo bien entrada la noche. Superar los controles de pasaporte y el pago del visado fue bastante tedioso ya que tuvimos que pasar por tres mostradores y pagar los 25€ de visado hasta que pudimos salir a por nuestras mochilas.
Una vez fuera buscamos el transporte de nuestro hotel, con el que habíamos concertado la recogida y ahí estaban, puntuales. Pero antes nos hicimos con una tarjeta de datos para nuestros móviles y sacamos algo de dinero en un cajero.
Decidimos quedarnos en un hotel cercano al aeropuerto por las horas intempestivas a las que llegaríamos y porque, además, al día siguiente ya saldríamos en ruta, así que no merecía la pena entrar en la capital.
Elegimos para la primera noche La Villa Colombe Bed and Breakfast, que a pesar de lo poco que pudimos disfrutarlo resultó ser un lugar agradable con habitaciones amplias y un propietario muy amable. Todos caímos rendidos.

 

Día 2 Viaje a Fianarantsoa

El responsable del hotel nos preparó el desayuno temprano, un poco antes de que el que sería nuestro conductor durante el viaje, pasara a recogernos. Cuando llegó, le pagamos lo acordado a Olivier, propietario y responsable de la agencia malgache con la que habíamos contratado, y él nos presentó a Hery, el conductor. Concretamos la ruta, ultimamos detalles y nos pusimos en camino emocionados.
Desde Antananarivo a Fianarantsoa tomamos el primer contacto con las carreteras malgaches.

Madagascar 

Nos llevó 11 horas recorrer el camino, un poco antes de la mitad del viaje, paramos a comer en Antsirabe. En el Zandine pudimos probar nuestros primeros platos locales: romazava, brochetas de zebú y ravitoto acompañados de grandes cervezas.
Este primer día ya nos dimos cuenta de que la isla tiene unos paisajes fabulosos, de los más bonitos que habíamos visto nunca, ya que Madagascar todavía es un país virgen.
La jornada se nos pasó en ruta y llegamos a Fianarantsoa por la noche, lo justo para registrarnos en el Zomatel, recomendado por nuestro conductor, cenar y acostarnos agotados una noche más.

Día 3 Tren de la Selva: de Fianarantsoa a Manakara

Hoy todavía madrugamos más, ya que teníamos que comprar los billetes de tren a Manakara (70.000 ariary con botella de agua de cortesía). Hecho este trámite ya pudimos relajarnos y desayunar tranquilamente.
Recorrer los 165 km que separan las dos ciudades nos llevó 12 horas. No es un viaje para tomárselo con prisas, es un trayecto para disfrutar de las sensaciones que debieron de vivir los viajeros de antaño.
Salimos con dos horas de retraso porque estaban arreglando la locomotora, así que pasamos el tiempo jugando con los niños de otros vagones que viajaban con sus familias.
Pusimos rumbo a Manakara a las 9:15 de la mañana y llegaríamos 17 paradas después, a nuestro destino.
Aun así el viaje es increíble. Cada estación es una algarabía de niños y adultos cuyo único aliciente del día parecía ser acercarse allí cuando llegaba el tren.

Madagascar: tren de la selva
Los niños nos saludaban y gritaban: "¡vazah, vazah!", luego supimos que significa "blancos"

Unos para vender sus productos, otros solo para interactuar con los viajeros. Ese día probamos varias samosas y frituras que acercaban a nuestras ventanas y compramos algo de fruta o cerveza, pero sobre todo vimos un mundo colorido, exótico y sensorial.

Madagascar: tren de la selva
La estación se llena de vida y color con el paso del tren

Durante el trayecto, nos acompañaba un paisaje verde intenso, montañoso y selvático, que hacía que no pudieramos dejar de mirar por las destartaladas ventanillas.

Madagascar: tren de la selva
Tren de la Selva de Fianarantsoa a Manakara

El final del viaje, cuando anocheció, se hizo algo más pesado. La ausencia de luz en las estaciones las sumergía en la total oscuridad y ya no veíamos nada, solo oíamos el ajetreo de la carga y descarga de materiales y el tránsito de pasajeros. Así que nos quedábamos sentados en los duros bancos de madera, deseando llegar a Manakara. A pesar de todo, es un viaje en tren único que merece mucho la pena.
En la estación Hery nos esperaba para llevarnos a otro hotel que nos recomendó:  el Chez Zizou a la orilla del mar, decidimos quedarnos y cenar allí.
La luz se iba y venía constantemente, de modo que tuvimos que cenar con los frontales y a la luz de las linternas, sin embargo los pescados y mariscos a la parrilla que nos prepararon estaban deliciosos.

 

Día 4 Viaje a Ranomafana

Decidimos tomarnos el día con algo más de calma, ya que, aunque todavía habíamos visto poco del país, los desplazamientos estaban siendo devastadores para nosotros.
Lo mejor del día fue el desayuno junto al mar, viendo pasar la vida de la gente del pueblo, escuchando las olas romper en la orilla.
Era Domingo de Resurrección y las iglesias de Manakara estaban a rebosar. La gente iba muy arreglada, la mayoría vestían de blanco.
Madagascar: Manakara
Aprovechamos también para pasear por el mercado y ver las frutas y verduras que se venden, aunque lo que más nos llamó la atención fueron los pedazos de carne que esperaban al sol para ser adquiridos por los clientes.

Madagascar: Manakara 
Comimos bastante bien en La Gourmandise: brochetas de calamar, pollo y pescado para poder afrontar el camino a Ranomafana.

Madagascar: brocheta calamar
Las brochetas de carne y de frutos del mar son habituales
El trayecto fue aún más lento de lo normal, ya que los pueblos por los que pasábamos estaban muy animados con gente que había salido a celebrar el día festivo. Nos llevó tres horas y media llegar a nuestro destino, pero la visión del día volvió a ser algo único y muy auténtico.
Cuando llegamos vimos un par de alojamientos y nos decidimos por los coquetos bungalós del Karibotel. Nos dimos una revitalizante ducha antes de cenar en el restaurante del establecimiento.
Nos pareció muy curiosa la costumbre de los alojamientos en los que, a la vez que te registran te toman nota de la cena. Es una magnífica idea para ganar tiempo, ya que los ritmos en Madagascar son distintos a los nuestros.

 

Día 5 Visita Ranomafana y viaje a Ranohira

En Ranomafana, declarado Patrimonio de la Unesco, se pueden contemplar hasta 4 especies de lémur: el lémur bambú, el sifaka, el lémur dorado y el lémur de frente roja.
Lo primero de todo es pagar la entrada al parque, las tasas y contratar un guía, que en nuestro caso llevaba un ayudante que se adelantaba para encontrar lo más interesante.
Madagascar: Ranomafana
Lemur de frente roja

Nuestros guías nos iban llevando hacia los diferentes animales y quedamos fascinados cuando los vimos, algunos bastante cerca.
Madagascar: Ranomafana
Milne Edwards' sifaka

Lo peor del día fue que al adentrarnos en el bosque primario aparecieron sanguijuelas que decidieron subir por nuestro calzado y engancharse en nuestras jugosas piernas, a pesar de vestir pantalones largos, lo que hizo que saliéramos corriendo de la selva.
Después de la visita pusimos rumbo a Ranohira, parando en Fianarantsoa a comer. Cuatro horas después llegaríamos al hotel a descansar. El paisaje hasta allí fue maravilloso, cada día era una sorpresa para nuestros ojos. Y si el día anterior la fiesta llenó las carreteras, ese día, Lunes de Pascua las colapsó una multitud de personas disfrutando de un día más de tiempo libre.
Esa noche dormimos en el hotel Orchidee y cenamos en su restaurante Grill Zebú.

Madagascar
El viaje fue largo y lento, aunque muy interesante

Día 6 Visita Isalo y viaje a Ambalavao

En el parque de Isalo hicimos la ruta del Cañón de Namaza, que son alrededor de 4 km. bastante asequibles.
 
Aquí contemplamos lémures de frente roja y los más famosos, los de cola anillada bastante cerca de nosotros.

Lémur o maki de cola anillada

La caminata pasa por la Piscina Azul y la Negra donde es posible darse un chapuzón, continua por la parte alta del cañón y baja hasta la Piscina de las Ninfas.
Al hacerlo en este orden vamos al contrario que el resto de los visitantes y lo vemos todo prácticamente solos.
Este día nos dieron la opción de comer dentro del parque, nos hicieron ensalada, arroz y piña, pero no lo recomendamos porque la comida es muy cara en relación al precio normal del país. Este picnic lo hacen cerca de la salida así que mejor ir al pueblo a comer. Además los lémures se están acostumbrando a robar comida y esta interacción no es beneficiosa para ellos.
El viaje hasta Ambalavao, donde dormiríamos esa noche, fueron 4 horas de trayecto.
Siguiendo recomendaciones de nuestro conductor nos decantamos por el agradable Tsiemimparihy Lodge.

 

 

Día 7 Visita Reserva de Anja y viaje a Ambositra

Anja es una reserva privada y también hay que contratar los servicios de un guía.
Es uno de los parques que más me gustó, tanto por el paisaje como por la fauna que vimos.

 
Nos adentramos en la selva, vimos tumbas y cuevas utilizadas por las etnias locales, grutas donde los lémures duermen y las vistas desde lo más alto son preciosas. Observamos grandes familias de cola anillada que están muy activas, camaleones, arañas y curiosos insectos.
Los makis nos miran curiosos


 

Paramos en Fianarantsoa, una vez más a comer y continuamos 4 horas de ruta hasta Ambositra.
Aquí elegimos el hotel L'Artisan, precioso y con un agradable restaurante.

 

Día 8 Visita Antoetra  y viaje a Antsirabe

Desde Ambositra salimos hacia Ivato por carretera y desde aquí tomamos una pista hasta Antoetra, en total son unas dos horas de viaje. El camino es duro pero el paisaje maravilloso y la actividad que se produce al lado de la carretera es muy interesante.
 

En Antoetra pagamos unas tasas de acceso y guía y dimos una vuelta por esta aldea que es patrimonio de la Unesco. Sus habitantes son especialistas en trabajar madera, sus casas están construidas sin clavos y adornadas con símbolos como el sol, la miel o la tela de araña.
Hay caminatas más largas, de varios días para hacer por el País Zafimaniry, según dicen muy interesantes, pero visitar solo esta aldea se queda un poco corto. Para nosotros fue un poco decepcionante.
Volvimos a Ambositra y visitamos el mercado de artesanía, donde merece la pena aprovechar para comprar los recuerdos del viaje.
El camino hasta Antsirabe, donde hoy dormiremos, es de dos horas. Aprovechamos para visitar esta ciudad colonial, algo decadente. Visitar por fuera el Hotel des Thermes y pasear hasta la estación.
Nuestro hotel para esa noche fue Le Trianon, con agradables habitaciones. Son mejores las de los pisos superiores como comprobaríamos unos días después.

 

Día 9 Viaje de Antsirabe a Morondava

Salimos a las 7 de la mañana porque queríamos llegar a las 16:30 para ver el atardecer en la Avenida de los Baobabs.
Paramos a comer en Miandrivazo, donde nos cruzamos con Olivier, el responsable de nuestra agencia que acompañaba a una pareja de turistas españoles. Allí nos dio una mala noticia: el camino al Tsingy (unos de los principales parques del país) estaba inaccesible porque había estado lloviendo los últimos días. La noticia cayó como un jarro de agua fría en nuestro grupo.
Seguimos el viaje hasta nuestro destino y llegamos con antelación a la famosa Avenida de los Baobabs, así que decidimos aprovechar e ir a ver los Baobabs enamorados, que están un poco más adelante.
Madagascar: Allèe de Baobab
Icono de Madagascar: Allèe De Baobab
Más tarde, regresamos a la Avenida para contemplar uno de los atardeceres más maravillosos que habíamos visto nunca.

Madagascar: Allèe de Baobab 
Cuando llegamos a Morondava ya había anochecido y nos costó encontrar hotel porque muchos estaban completos. Debido al problema del camino al parque del Tsingy mucha gente se había quedado aquí a pasar más noches. No obstante, Olivier que andaba por la ciudad esa noche, nos ayudó y conseguimos alojamiento para las dos próximas noches, aunque el hotel era un poco más caro de la media, resultó una opción muy agradable. Además con servicio de lavandería para poder lavar nuestra ropa, ya que estábamos a mitad de nuestro viaje.
El hotel SunBeach, regentado por un occidental, tiene un buen restaurante donde tomamos una deliciosa cena en un ambiente agradable.



En cuanto a la organización del viaje, consejos varios, comidas y otras cosas de interés para el viajero, tenéis todas nuestras notas para ayudaros en la preparación de vuestra aventura o aprender más cosas de esta maravillosa isla: Madagascar, consejos de viaje
Para saber más sobre los lémures podéis consultar Lemurpedia, con mucha información sobre esta curiosa especie que solo habita en esta isla.


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