15 de julio de 2014

Safari en el Serengueti

Uno de los lugares más legendarios de todo el planeta, aquel que todo viajero desea pisar, respirar y sentir, es sin duda el Serengueti. Sólo pronunciar su nombre nos evoca aventura y naturaleza salvaje. En sus llanuras pastan los grandes mamíferos del África Oriental y no es difícil que sus depredadores se dejen ver. Los tres días que allí vivimos fueron tan emocionantes que aún nos conmovemos recordando nuestra experiencia en el parque más famoso de África.



DÍA 1

Las llanuras del lago Ndutu, totalmente amarillas en estación seca, nos trasladaron hasta Naabi Hill, la puerta de entrada al mítico parque del Serengueti.

Mientras nuestro conductor gestionaba la entrada, decidimos subir a una colina que allí se levantaba y lo que vimos nos dejó absolutamente maravillados. Una extensión sin fin, una sabana infinita. Comprendimos inmediatamente el por qué del nombre del lugar, la derivación de una palabra masai que significa “tierra sin fin”.
La llanura infinita del Serengeti


De este modo el Serengueti nos recibió, abrumándonos y dejándonos sin habla, y así, nos adentrábamos en uno de los territorios más espectaculares, más salvajes del mundo.

No solo eso, sino que penetrábamos de lleno en la región de Seronera, habitado por una supermanada de leones y no tardaríamos en descubrir magníficos ejemplares.

Poco llevábamos recorrido cuando a un lado del camino, a la sombra de una escuálida acacia, vimos una pareja, macho y hembra, descansando apaciblemente. Toda una vida esperando este momento y la emoción recorrió todo nuestro cuerpo. Pronto el gran macho puso distancia y se marchó, caminando soberbio por la desolada sabana, con paso lento, pero imponente, dejándonos atrás, haciéndonos sentir insignificantes ante su realeza.

La hembra, decidió quedarse y regalarnos preciosas estampas, rascándose y afilando sus uñas en el malogrado tronco del árbol que la cobijaba.


El safari no podía empezar mejor, pero aún nos aguardaban muchas sorpresas en el camino.

De nuevo una acacia, esta vez una grandiosa, servía de paraguas contra el implacable sol a otros magníficos habitantes de la planicie africana. Atisbamos tres perfiles a lo lejos y cuando confirmamos que eran tres preciosos ejemplares de guepardo no podíamos dejar de maravillarnos. Tranquilos y relajados nos miraban impasibles… con serenidad se levantaban y se volvían a tumbar. El tiempo pasaba allí, en silencio, no queríamos que ese momento terminara nunca y necesitábamos atesorarlo para siempre.


Pero teníamos que proseguir nuestro camino porque se hacía la hora de comer y habíamos quedado con nuestro conductor de apoyo en uno de los picnicsites habilitados en el parque.

Sin embargo, no llegaríamos a la hora acordada. En nuestro camino se cruzó uno de los espectáculos más salvajes que podíamos esperar ver. Avistamos un grupo de leones devorando un facócero.

Cuando nos acercamos, nuestro conductor-guía nos explicó mejor lo que estábamos contemplando. Se trataba de una leona y dos parejas de cachorros. Dos jóvenes adolescentes machos y dos más pequeños. Probablemente serían hermanos y las parejas formarían parte cada una de una camada diferente.

Todos ellos estaban totalmente cubiertos de sangre y comían con ferocidad. Nos dimos cuenta de que los dos jóvenes estaban peleando por la parte del hocico del animal capturado, de hecho, ambos habían dejado de comer y sujetaban fuertemente con las mandíbulas esta parte de la presa, gruñendo y rugiendo. Cuando parecía que uno ganaba este combate, se revolvían, lanzaban zarpazos por doquier y volvían a la posición tensa impidiendo que el otro hermano se saliera con la suya. Tanta resistencia y fuerza hacían que se les viera jadeantes y exhaustos y sin embargo, preferían no comer a perder este trozo de carne tan preciado.

John nos explicó que es un modo de mostrar superioridad y sin embargo, nos asombraba el hecho de que los pequeños seguían comiendo tranquilamente saciando su hambre mientras los jóvenes preferían imponer su supremacía. Las leyes de la naturaleza son desde luego, apasionantes.

Nos teníamos que marchar, esta vez sí, y nos quedamos asombrados cuando John nos dijo que habíamos estado allí una hora. ¡Una hora! Nos parecieron apenas unos minutos, porque estábamos ensimismados en la acción que se desarrollaba a unos metros de nosotros.

Cuando contratamos nuestro safari con Endallah, habíamos acordado que llevaríamos un jeep de apoyo, donde irían nuestras mochilas, tiendas, comida y todo lo necesario para los días que íbamos a acampar en los parques. En este vehículo viajarían nuestro cocinero y un ayudante. De este modo, mientras nosotros viajábamos por el lado salvaje del mundo, el equipo de apoyo montaría nuestro campamento y tendríamos siempre listo un té y las comidas al regreso de la aventura. Todo un lujo.

Así que cuando llegábamos a la zona de picnic, Alfred, al que ya conocíamos de alguna excursión en el poblado de Endallah, nos sirvió la comida, que esta vez consistía en unas cajas con pollo asado, un sándwich, huevo duro, una empanadilla, galletas y un plátano. Estas cajas serán nuestro menú habitual durante los días de safari, al menos fuera de los campamentos. Fue divertidísimo comer rodeados por mangostas y una especie de cobayas muy gordos. Mendigando comida a los turistas, hay que ser muy duro para no darles algo, pero nosotros practicamos viajes respetuosos con la naturaleza, o por lo menos lo intentamos, así que permanecimos impasibles ante estos simpáticos animalitos. No hay que cebar a la fauna salvaje, ni tan siquiera a las aves que allí pululan por la abundancia de comida, los volvemos pequeños ladrones y no saben vivir por sus propios medios.

En esta zona habilitada hay una especie de tour virtual con explicaciones sobre la fauna, la flora, la migración, etc. pero se puso a llover y aceleramos la visita.

Volvimos a ponernos en marcha, ya había dejado de llover y no tardamos en descubrir a otra de las estrellas del viaje. De hecho, ver a este animal que se nos escapó en Kenia fue uno de los motivos por los que quisimos regresar a África. Y ese día, cumplimos el sueño de todos los que habíamos emprendido el largo viaje a Tanzania.

En lo alto de un árbol, no muy apartado de la carretera, nuestro conductor acertó a ver un leopardo descansando. Es un animal muy difícil de ver, tímido y de hábitos nocturnos no se deja ver con facilidad. Además, despieza a sus presas y sube a comer a la copa de los árboles.

En ese momento, teníamos que seguir su cola que colgaba para poder descubrir dónde estaba el lomo del animal, estaba comiendo lo que pensamos era una gacela. Para nosotros, el sacrificio, las calamidades y la falta de lujos de este viaje habían merecido la pena. Todo quedó olvidado en ese mismo momento y la emoción que sentimos difícilmente podrá igualarse alguna vez. Pero todo iba a ser mejor aún.

Para asombro de los presentes, incluido nuestro curtido acompañante tanzano, el leopardo se puso en pie, con agilidad felina (ahí entendimos la expresión) descendió hasta el suelo y se puso a caminar, en paralelo al camino donde estábamos situados. Elegante, soberbio, magnífico, no hay adjetivos suficientes para describir la estampa que se presentaba ante nuestros asombrados ojos. Es un animal bellísimo y muy elegante. Su cara es preciosa y su piel moteada maravillosamente brillante. Algunos ya estábamos entrando en trance cuando el espectáculo mejoró aún más.
En el momento en que el gran gato se acercó a un árbol apareció un cachorro y nos dimos cuenta entonces de que es una hembra que había ido en busca de su familia. ¿Podía ser real lo que estábamos viviendo?

La madre estaba dirigiendo al cachorro hacia la comida, en el árbol, pero a la vez llamaba a alguien, John pensó que podría ser un segundo cachorro. La madre estaba inquieta pero el pequeño la apremiaba haciéndole carantoñas con su cola y frotándose contra su cuerpo, quería comer y quería hacerlo ya.

Este episodio terminó con ambos subiendo a las ramas y ahí los dejamos en paz. Había pasado una hora de nuevo, una hora de magia.

Seguimos nuestro gamedrive, nuestro safari particular y vimos más grupos de leones, elefantes, hipopótamos y hienas entre otros muchos animales.
Grandes familias de elefantes se cruzaban en nuestro camino

Anochece en el Serengueti, en uno de los atardeceres más bellos de la tierra y pusimos camino a Seronera Campsite, donde nuestras tiendas estaban montadas y hay que decir que eran las más grandes de todo el campamento. En su interior, hay dos camastros y mantas que habíamos comprado en Karatu por si refrescaba por la noche. Estas mantas las donaríamos al final del viaje junto con medicinas que llevábamos al hospital de Endallah para poner un granito de arena en sus grandes necesidades.

En el comedor, zona común del recinto, teníamos el té servido y poco después Alfred y su ayudante nos sirvieron la cena: sopa, carnes y ensaladas en abundancia. Nos asombramos de lo deliciosa que estaba la comida, para los escasos medios con los que contaban y nos cuentan que Alfred había hecho un curso de cocina en Europa, de ahí su destreza con los platos. Sinceramente, el día había sido perfecto y nuestros anfitriones nos lo hacían aún mejor.

Las instalaciones están muy bien, aunque no hay agua caliente, encontramos los baños muy limpios. En el comedor hay enchufes disponibles pero enseguida se ocupan y hay que estar atentos cuando uno se queda libre para recargar baterías.

Cae la noche en el Serengueti y nos dispusimos a pasar nuestra primera noche en el mundo salvaje de Seronera.

He de decir que yo soy un tronco y pocas cosas me despiertan, pero la emoción de sentir unos pasos junto a nuestra tienda y escuchar, casi al lado de mi cabeza, los gritos de una hiena y otras contestando a lo lejos, es una sensación que aún hace que mi estómago hormiguee emocionado. Y escuchar a mi compañero en la aventura de la vida decir que necesita ir al baño es algo que todavía hoy me produce más desasosiego que sentir al animal que caminaba a mi lado, separado apenas por una fina tela. Pero la llamada de la naturaleza es así, y estamos en el lugar donde es imposible negarlo, África, así que ni corto ni perezoso, apenas habían pasado unos minutos del episodio de la hiena cuando Bone se coloca su frontal y se decide a salir.

El temor que sentía pasó a risa cuando el ruido de la cremallera de nuestra tienda rompe el silencio de la sabana en la noche y, como emplazados por la misma llamada, comencé a oír las cremalleras de las tiendas vecinas abrirse al son. Solo hacía falta que uno se atreviera para que el resto se decidiera a salir también.

Cuando volvió, me contó que dirigiéndose al baño vio un montón de ojos brillantes rodeándolo allí donde miraba, inquieto elevó el frontal para descubrir aliviado que no eran las hienas ni otros carnívoros, sino las pequeñas gacelas que se acercan al campamento donde los depredadores no suelen acercarse tanto. Y digo no suelen porque apenas unos días antes, una supermanada, compuesta por 30 ejemplares, habían abatido a un búfalo justo al lado de la zona de acampada. No puedo ni imaginar el sonido que oirían los que en ese momento dormían allí.

DÍA 2

Un bello amanecer dio la bienvenida al nuevo día y desayunamos felices y ansiosos por saber qué nos depararía la jornada.

El día fue prolífico en animales pero no igualó el espectáculo del día anterior. Una familia de hienas con las pequeñas asomando sus cabecitas de sus madrigueras, numerosas jirafas que habitan el parque, gacelas Thompson y Grant, impalas… Es un paraíso y eso que era la estación seca.

Cuando visitamos Kenia, era la estación húmeda allí y vimos animales salpicando el horizonte. Allí donde mirábamos manadas inmensas de herbívoros disfrutaban de la vida en libertad. Así que, decidimos hacerlo en la temporada seca en Tanzania y el paisaje y el espectáculo cambia como del día a la noche.

Los pastos se han vuelto completamente amarillos, las grandes manadas de cebras, gacelas y ñus han emigrado, apenas quedan unas cuantas. Pero el pasto está seco y es más fácil contemplar a los grandes depredadores descansando durante el día.

Así que pasamos el día viendo grandes grupos de leones, varios guepardos y otros habitantes singulares como el dikdik, el antílope más pequeño del mundo o el pájaro secretario con su cresta asomándose por la hierba.

Volvimos a comer y descansar al campamento para coger fuerzas. Descansamos, recargamos baterías y nos pusimos de nuevo en marcha.

Hoy va a ser la tarde de los hipopótamos.
John nos llevó por una zona muy verde donde aún quedan cebras y ñus, y muchas jirafas, elefantes y antílopes de todo tipo. Es como un pequeño paraíso en las secas llanuras del Serengueti.

Llegamos a una charca donde se amontonan un gran número de hipopótamos. Como el agua escasea en esta estación, esta charca está demasiado ocupada y están todos tan juntos que parece que no hay espacio entre ellos y el olor es bastante pestilente. Probablemente ellos piensen lo mismo de nosotros, pues apestamos a repelentes, protector solar y un largo etcétera de productos químicos.

Demasiado personal para charca tan pequeña

Hay ejemplares tan pequeñitos que parece que van a morir aplastados y según nos contó nuestro guía, estos diminutos que están dentro del agua son hembras, ya que los jóvenes machos tienen que salir de la charca o los grandes machos los matarían. Desde luego, las historias que conocemos son terribles, la naturaleza es, muchas veces, cruel.
Volvimos a quedarnos absortos ante la imagen de estos grandes mamíferos bostezando, resoplando o simplemente moviendo la cola. Son tan grandes que impresiona tenerlos tan cerca, sobre todo sabiendo que es un animal muy agresivo.
Pasamos por distintas charcas y están todas abarrotadas de estos animales, y es que su piel es tan sensible que el sol la abrasaría si no permanecieran a remojo.
Es en esta zona, donde también vimos grandes grupos de babuinos, con algunas actitudes tan humanas que nos pusieron la carne de gallina.

En el camino de vuelta al campamento, vimos varios grupos de leones, lamiéndose los unos a los otros, así terminan el día limpios, después de las carnicerías de las que habíamos sido testigos.
Una hiena solitaria se cruzó en nuestro camino, tal vez camino del campamento en busca de sobras. Parecía que quería despedirse de nosotros antes de terminar el safari.
La cena fue de nuevo espectacular, abundante y deliciosa y la noche transcurrió sin incidentes.

DÍA 3 

Después del desayuno, Alfred y su compañero se quedan a recoger el campamento y nosotros partimos a realizar nuestro último gamedrive en el Serengueti.
Nada más salir del campsite, la familia de hienas nos da los buenos días y vemos un buen número de cachorritos. En mi opinión es un animal con una injusta mala fama. Son fuertes y poderosos mamíferos que limpian la llanura. A mi me gustan.
Parece que todos se habían puesto de acuerdo para decirnos adiós, pues grandes familias de elefantes salen a nuestro paso, enormes manadas de cebras y ñues, gacelas Thompson, Grant, impalas y los simpáticos dik-dik, el pequeño antílope monógamo, que siempre vemos en parejas. Si un compañero muere, el otro permanecerá solo para siempre sin volver a emparejarse nunca más.
Grupos de gacelas Thompson
El dik dik apenas pesa un par de kilos

Y como estrellas del día, en lo más alto de un kopje, las enormes rocas características de la zona, vimos la familia perfecta de leones. El gran macho, su compañera y un pequeño cachorrito, los tres descansando apaciblemente al calor del sol y con la melena azotada por el viento.

Una de las estampas más bellas que nos regaló África.
Una vez más, hechizados por la imagen nos volvimos a recrear y a dejar pasar el tiempo tan solo contemplando la majestuosidad de estos animales y su belleza salvaje.
Registramos nuestra salida del parque y nos vamos hacia el Lago Ndutu de nuevo, en el Ngrongoro Conservation Area, donde comeríamos y seguiríamos a la "caza" de las especies salvajes que se cruzaran en nuestro camino. Fueron los días más emocionantes del viaje, los que permanecerán para siempre en nuestras retinas, la belleza tan salvaje que se nos mostró, dura en ocasiones, pero absolutamente real y fascinante.

20 comentarios:

  1. Ni te imaginas la envidia que me acabas de dar!!! impresionante todo lo que pudistéis ver!

    Un abrazo!

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    1. La verdad, ni nosotros esperábamos ver esas escenas sacadas directamente de los documentales. Tenemos que volver... necesitamos volver.
      Besos

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  2. Impresionante. No tengo palabras. Ya sabes que tengo muy en la mente hacer un viaje así y cada vez que leo algo me entran unas enormes ganas de ir. Menudas fotos... por cierto, la última parece sacada de la peli del Rey León.

    Un beso.

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    1. María, porque la hembra no se ve en la foto, pero es que era la familia del Rey León en persona!!!
      Os recomiendo el viaje, lo recomiendo a todo el mundo, es una bofetada de naturaleza brutal.
      En España apenas podemos ver ardillas y aquí salimos abrumados.
      Un besico,

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  3. Qué chulada!! Y qué bueno lo de Bone y el baño!! ¿No se planteó salir a correr por el Serengueti???

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    1. Ya sabes como es Bone, no? le tuve que suplicar que no se trajera al viaje las zapatillas de running porque estaba decidido. Menos mal que entró en razón, a pesar de lo del baño, jajaja
      Besos chicos

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  4. Un artículo precioso de un parque magnífico. Lo visité en 1999 pero le dedicamos poco tiempo. Fue una pena, pues no vimos escenas de felinos tan impactantes como vosotros.
    Supongo que del Serengueti hablarás la próxima semana en la cadena Ser, ¿no? Intentaré escucharte (difícil,que en mi pueblo se captan mejor las emisoras de Navarrra y La Rioja) o me acercaré a la emisora si estoy por Zaragoza.

    Un beso,
    Ricardo Lafita.

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    1. Sí, Ricardo, el próximo miércoles a las 13.30 el Serengueti en Hoy por Hoy de la SER. Lo colgaré en la sección La Libreta en la Red.
      Un abrazo fuerte

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  5. Simplemente precioso.... (.... y las culebrasssss????)

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    1. Jajaja, bastante culebras soy yo ;-)
      Gracias por pasarte Shiva Naresh
      un besazo a tu gran familia

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  6. Que bonito! No sabes la envidia que me das por haber hecho este viaje, tiene que ser toda una experiencia!!

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    1. Kenia y Tanzania han sido de los mejores viajes de nuestra vida.
      Un abrazo, Laura

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  7. Qué casualidad, Cool, de encontrarme con esta entrada. Me la leo este finde con toda la tranquilidad del mundo. Ya te pregunto.

    Besos.

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    1. Antonio, espero que después de leerla te aclare las dudas que tengas sobre el viaje. Merece la pena.
      besos

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  8. Tengo que vivir esta experiencia sí o sí!! Ver comer a los leones o escuchar el sonido de las hienas por la noche tiene que ser muy emocionante. Estar en contacto con la naturaleza de esta forma, como espectador de la vida salvaje no tiene precio. Todavía no puedo entender como hay gente capaz de disparar a estos animales en lugar de admirarlos... ¡Un abrazo!

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    1. Si te gusta la naturaleza es una de las experiencias más maravillosas que podrás vivir. Por lo menos nosotros así lo sentimos.

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  9. Faantástico viaje y buenísimas las fotos. Viajo todo lo que puedo y no he viajado mucho, pero creo que este es uno de esos sítios que cualquier viajero debe visitar.... y a mi me falta. Ya lo arreglaremos.

    Saludos,
    GranPumuki
    http://blogdeviajesdepumuki.blogspot.com.es/

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    1. Gracias por tu comentario. Creo que este es uno de los lugares que todo el mundo debería visitar, encontrarse así, cara a cara con la naturaleza salvaje es algo único en la vida.
      Espero que puedas cumplir pronto este sueño viajero.
      Un saludo,

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  10. Muy bien descritas las sensaciones. Me he sentido muy identificado.

    La sensación de sentir que entre la hiena o león (en mi caso) sólo nos separa un trozo de tela, es algo indescriptible.

    Un saludo

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    1. Gracias por tus palabras Aitor, viniendo de ti significan mucho por ser un experto en la zona.
      Una experiencia que nunca olvidaremos.
      Un abrazo,

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