Crucero por el Báltico: dos días en San Petersburgo

La parada más ansiada del crucero por el mar Báltico era San Petersburgo. Nos esperaban dos días con la agenda repleta de lugares para visitar. Sí, es una visita relámpago para una ciudad con tanto patrimonio, tanta historia y tantísimas joyas, pero pudimos exprimirlos al máximo.

 
Para entrar en Rusia se necesita un visado, algo complejo de tramitar y bastante caro para un par de jornadas. La familia valoró si merecía la pena conseguirlo y realizar las visitas por nuestra cuenta, ya que la otra opción era contratar una excursión con la que podíamos conseguir un visado provisional para visitar San Petersburgo.
Las excursiones que ofrecen las navieras son carísimas y además suelen estar formadas por grandes grupos. Estuvimos investigando y es así como dimos con shorex.ru, una agencia rusa que ofrecía recorridos muy interesantes y mucho más económicos. Las buenas referencias que íbamos encontrando hicieron que las dudas se disiparan y nos decidiéramos por contratar una excursión de dos días con los puntos más importantes de la ciudad, que incluía además una visita panorámica nocturna en la que tendríamos la oportunidad de ver los puentes levadizos de San Petersburgo.

 

Día 1: 

Para la primera mañana la agencia nos citó a las 10:30. Nos parecía algo tarde, pero la razón fue porque a las 09:00 atracábamos y la gente comenzaría a salir del barco, por lo que las filas en las aduanas iban a ser muy largas y lentas. Así, a las 10:00, cuando nosotros llegábamos no había nadie y pudimos pasar en apenas diez minutos.
Elisa, quien nos acompañaría el resto del día, ya nos esperaba en la terminal del puerto y nos llevó hasta el autobús, allí terminó de formarse el grupo de 20 personas que íbamos a compartir experiencias durante los próximos dos días. Y nuestra ruta comenzó.
El cómodo autobús nos llevó hasta la Aldea de los Zares, a unos 25 kilómetros de San Petersburgo, para visitar el Palacio de Verano de Catalina.
Esta primera imagen que nos llevamos de un Palacio ruso no podría ser más impresionante.

El azul del palacío se confundía con el cielo que pudimos disfrutar aquel día
Su enorme fachada azul y dorada nos dejó deslumbrados a todos y accedimos a su interior para contemplar que, si el exterior era maravilloso, el interior no se quedaba atrás.
Su Sala Grande, con pan de oro en paredes, columnas y detalles decorativos, rematada con un trampantojo en su techo es una obra de arte que anticipa una imagen de cómo es el resto del palacio. Simplemente fabuloso.
Recorríamos las distintas estancias, mientras Elisa nos relataba la historia del lugar y de sus ilustres habitantes, hasta llegar al extraordinario Salón de Ámbar, una habitación prodigiosa regalada al zar por Federico Guillermo I de Prusia, construida con placas de este material, que fue desmontada por los nazis y vuelta a inaugurar en 2003.
A pesar de que el palacio fue devastado durante la guerra, ahora podemos volver a contemplar lo que fue en su época de esplendor.
Tras nuestro primer contacto con la arquitectura de San Petersburgo, volvimos a la ciudad para comer. La excursión incluía la comida de los dos días.
Nos gustó bastante el coqueto restaurante y la comida, a base de ensalada, sopa con carne y judías y un pollo con salsa. También incluía un pastelillo de miel y café.
Pero el día no terminaba todavía y nos quedaba una de las visitas estrella de la excursión: el Hermitage.

El Hermitage desde el otro lado del río Neva


El Palacio de Invierno, alberga uno de los museos más importantes del mundo, que cuenta con más de 3 millones de obras de arte. Había muchísima afluencia de visitantes y conseguimos adelantar bastante en las filas, ya que nuestra guía llevaba las entradas y nos introdujo fácilmente en el museo.
Lamentablemente, el tiempo apremiaba y solo pudimos ver las estancias y obras más destacadas, aun así, nos dimos por satisfechos.
El palacio fue devastado en 1837 por un incendio y poco queda de lo original. Impresiona contemplar la Escalera Principal, la Sala de San Jorge y el ingenioso mecanismo y diseño del reloj “Pavo Real”.
Solo la colección de arte italiano ocupa treinta salas. De ellas destacan dos obras de Leonardo da Vinci y otras de Rafael, Miguel Angel o Il Canaletto, por nombrar solo algunas.
En cuanto a las obras españolas, pudimos ver algún Velázquez, varias vírgenes de Murillo y un Goya.
El arte flamenco también tiene una importante representación, contando en su haber con algún Rembrant.

Los tesoros que guarda el Hermitage


Finalizamos nuestra visita al impresionante museo por  la zona del arte egipcio y Elisa, nuestra guía, nos puntualizó que es todo comprado, no robado.
Una vez en el exterior, cruzamos el río para tomar un barco que nos llevaría en una excursión privada por los canales y río Neva. Un precioso paseo, ya que los innumerables palacios de la ciudad son una auténtica joya, no en vano, a San Petersburgo se la conoce como “la Venecia del Norte”.
Mientras esperábamos para embarcar, vimos unas efigies egipcias que fueron trasladadas desde el Nilo por Nicolás I.
A pesar de que disfrutamos de un maravilloso día soleado, en el río el viento era frío, aunque por los afluentes y canales, donde no soplaba con tanta fuerza, el paseo era muy agradable.

Los innumerables palacios de San Petersburgo con sus coloridas fachadas

Aun así, en el barco puedes elegir ir a cubierto o fuera y como éramos un grupo reducido no había problemas con el sitio.

 
Además de infinitos palacios, rodeamos la fortaleza de Pedro y Pablo, con su aguja desafiando la gravedad.
El emplazamiento de la fortaleza fue fijado por Pedro I, en una isla del Delta del Neva

Eran muchos los habitantes de la ciudad que habían salido a disfrutar del sol, algo bastante raro en San Petersburgo que solo cuenta con 30 días soleados al año.
Finalizado el crucero, nos llevaron al puerto para que cenáramos y descansáramos un rato hasta las 23 horas que volveríamos a pasar por la aduana para hacer una ruta nocturna y contemplar los monumentos más importantes iluminados.
Fuimos con otra guía, también muy agradable que nos contó anécdotas y nos dio cumplida información de lo que veíamos y dónde pararíamos.
Entre otros lugares pudimos ver la Catedral de San Isaac con su espectacular cúpula dorada y sus colosales columnas de mármol.

La catedral de San Isaac en la visita nocturna

También pudimos recorrer un tramo de la Avenida Nevski y desde uno de sus puentes obtuvimos buenas vistas de la Catedral de la Sangre Derramada.

Tramo de la elegante Avenida Nevski

Volvimos al Hermitage, esta vez lo vimos desde la Plaza del Palacio y nos asombramos con las dimensiones de la plaza y la majestuosidad de los edificios que la rodean.
Lo más curioso que veríamos esa noche fueron los puentes levadizos.
Los puentes que cruzan el Neva se abren por la noche para permitir que los grandes barcos naveguen por este río. Así que no conviene despistarse pues si llegas tarde, puedes quedarte atrapado en una de las orillas de la ciudad.
Un poco antes de la 01:15 nos situamos a la orilla del río, cerca del Puente del Palacio y cogimos un buen sitio. A la hora indicada, este puente comenzó a abrirse hasta quedar completamente partido en dos. La imagen del puente con el Hermitage de fondo totalmene iluminada es única.
Cada puente tiene su hora para ello, así que es posible ver varios puentes abrirse.


Tras esto, volvimos rápidamente al bus para no llegar tarde a la aduana y evitar las filas que se formarían cuando llegaran todas las excursiones. Esta agencia controla muy bien los tiempos, otro punto más a su favor.

 

Día 2: 


Este día nos recogían un poco más temprano.
Fuimos al centro de la ciudad y visitamos el metro, el más profundo del mundo, que todavía conserva vestigios de la era comunista.

Nos adentramos en las profundidades de San Petersburgo

Además subimos a dos convoyes y recorrimos así algunas estaciones ricamente decoradas con estatuas, bajo relieves y demás ornamentos.

Sin llegar a la belleza de las estaciones de Moscú, en San Petersburgo la decoración es muy interesante

La estación Avtova está ornamentada con columnas de cristal de roca cuyo efecto es espectacular.
Cristal de roca

De nuevo en el autobús nos dirigimos hacia Peterhof, siempre escuchando las interesantes historias de Elisa sobre la vida de su familia durante la época de la URSS, de historia y de arte.
De este palacio, visitamos sus jardines y llegábamos justo a la hora para ver el encendido de las fuentes centrales, con cascadas y una rica ornamentación compuesta de estatuas, bajorrelieves, bustos y vasos decorados.

Fuentes de Peterhof bailando al son de la música

Después dimos juntos un paseo, y pudimos contemplar los maravillosos jardines beneficiándonos del fantástico día soleado que de nuevo nos había regalado Rusia.
Así, llegamos hasta el Golfo de Finlandia, contemplamos la curiosa Fuente del Sol, los más audaces se mojaron en la Fuente de los Chorros, en la que un guarda escondido pulsa un pedal para salpicar a los intrépidos…
La técnica hidrológica de este vergel fue muy avanzada para su época, de hecho, a diferencia de Versalles que contaba con dispositivos para mover el agua, Pedro I con la ayuda de un canal, la hizo correr por medio de la gravedad.
Por muchos motivos esta fue la residencia favorita de Pedro I.
Desde aquí, nos fuimos a comer a un gran restaurante muy elegante, casi parecía una sala de banquetes. De nuevo la comida compuesta por ensaladilla, crema de verduras y pescado es muy agradable.
La visita que puso punto final a nuestro recorrido fue la Catedral del Salvador sobre la Sangre Derramada, que, a pesar de que en ese momento tenía una de sus cúpulas de cebolla cubierta por la restauración, es un lugar espectacular tanto por dentro como por fuera.

Fachada de la maravillosa Catedral de San Salvador

Se construyó en el lugar donde el zar Alejandro II fue asesinado, de hecho, aún podemos ver parte del empedrado donde cayó muerto.
Su interior está totalmente cubierto  y decorado, produciendo un efecto abrumador al contemplarlo.

Todo el interior está decorado con mosaicos

Los 308 mosaicos del interior (no hay una sola obra pictórica) presentan un gran valor artístico.
Nuestro día concluyó visitando una gran tienda de suvenires donde se pueden comprar recuerdos de esta ciudad que nos dejó infinitas ganas de visitarla de nuevo, más tranquilamente y dedicándole el tiempo que esta joya se merece.

TIPS DE VIAJE


Excursiones
Para una parada durante un crucero en San Petersburgo la mejor opción es contratar una excursión con una agencia local que se encarga de los trámites burocráticos y además es más económico que contratarlo directamente con el barco.
En nuestro caso la empresa elegida fue shorex.ru , aunque hay varias agencias que realizan recorridos interesantes y puedes elegir entre muchas opciones. Otro motivo para elegirla es que disponíamos de guía en español.
Shorex se encarga además de organizar las excursiones para otras empresas, así que es bastante posible que termines haciéndolo con ellos de un modo u otro.

Seguro viaje
Aunque el viaje se desarrolla gran parte del tiempo en territorio europeo y la tarjeta europea nos cubre la asistencia sanitaria, es recomendable contratar un seguro de viaje para las paradas extracomunitarias y para cuando nos encontramos en altamar.

En esta ocasión, contratamos con Intermundial la opción de GoCruise para toda la familia y que por cierto tuvimos que utilizar.
Llamamos al teléfono de contacto y nos indicaron el procedimiento a seguir. Guardamos todas las facturas e informes médicos y en unas semanas nos abonaron los gastos médicos y de medicamentos. Esto fue así porque nos ocurrió durante la navegación, pero si te ocurre en tierra te indicarán  el modo de operar que a veces no supone ningún desembolso por adelantado.
En nuestro caso, podemos recomendar esta agencia de seguros ya que ha respondido bien a los imprevistos que se nos presentaron.
[Extra consejo: ¿quieres conseguir un descuento del 10% en tu seguro con Intermundial? Introduce el código LIBREINTER al contratarlo.]

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